23/12/14

El caballo y la reja

Por Rubén Bourlot
Publicado originalmente en Orillas


“Tenía diecisiete o dieciocho años cuando todavía arábamos con caballos.
“La tarea no era de improvisados, tenía sus técnicas y secretos. Había que atar —ese era el término— los siete caballos juntos, y no era cuestión de juntarlos y ubicarlos donde se quisiera. Los caballos, como las personas, tienen distintas formas de ser. En las personas se dice personalidad; en los animales eso está en discusión pero, en definitiva, tienen características que los diferencian a unos de otros, más allá de la raza.” Así relata Aldo Herrera su experiencia en el libro que precisamente se llama Arar con caballos. 
El caballo aparece en nuestra región traído por los criollos descendientes de los pobladores españoles en la época colonial y pronto son adoptados por los nativos, charrúas principalmente. Eran caballos para tareas de hombres de a caballo, para los arreos y para la caballería de guerra. Hasta mediados del siglo XIX los caballos cumplieron esa función y la de tirar algún carruaje ligero, hasta que la llegada de los inmigrantes los transformó en el auxiliar de las tareas agrícolas, a la par de los bueyes. El caballo utilizado para tirar de la reja, abrir surcos y luego arrastrar el carro para el acarreo de la cosecha.
Tractor de vapor y caballos en la zona de Yeruá en 1910, 
fotografía de Barcón Olesa
Hasta la década del ’60 del siglo pasado se podían ver en los campos a los agricultores roturando las melgas con arados simples (de una reja), dobles, o de tres rejas; pasando la rastra, sembrando o carpiendo el maíz todos con el auxilio de los nobles caballos, a la par de los humeantes tractores que ya venían ganando terreno desde principios del siglo. Los arados utilizados eran el Ruso, Triunfo, Deering, entre otros. Una imagen característica de otras épocas es el arado seguido por bandadas de aves de distintas especies que se agolpan para recoger los insectos dejados al descubierto la roturación del suelo. Eran tiempos cuando aún la lucha contra las “plagas” no había arrasado con muchos de nuestros pájaros autóctonos y otros tantos exóticos. 
Recuerdo que a los cinco o seis años ayudaba con la carpida del maíz: mi padre Isidoro inclinado sobre la esteva del arado de mancera y yo sobre el caballo para conducirlo y luchando con el equino que se engolosinaba con las plantas y cada tanto robaba un bocado. También me tocaba, en la largas tardes de laboreo, llevar el recipiente con el mate cocido para la pausa de la merienda. “El mate cocido a media tarde, que si era con galletas de Zampa, remojadas en el mate cocido, era lo más rico que alguien pueda imaginar – Recuerda también Herrera -. Le servíamos a mi padre en ese tiempo, o algún peón mensual que siempre había…”
Emiliano Delaloye arando en la zona de colonia Las Achiras 
(gentileza de Mario Ramírez)
La jornada comenzaba muy temprano, antes que el sol insinuara sus albores, para reunir los caballos llevarlos al corral y atarlos al arado, la rastra o la sembradora. Aldo Herrera explica que solía usarse un caballo más dócil, al que le llamaban “madrina”, que llevaba “en el cuello el cencerro, una campanita que en la oscuridad de la noche o la madrugada, cuando ibas a buscar los caballos, desde lejos te indicaba dónde estaban. El sonido de esa campanita —y se supone que también el reconocimiento de autoridad de quien la llevaba— hacía que todos los demás caballos se mantuvieran siempre a su alrededor (...)”
Cada caballo, como el perro - considerados de los “amigos” más preciados del hombre por su utilidad y fidelidad -, tenía su propio nombre. Recordemos los famosos como el Rocinante del Quijote, Bucéfalo de Alejandro Magno, Babieca del Cid Campeador, los no menos famosos Tornado de El Zorro y Silver del Llanero solitario, el Moro de Artigas, El Sauce de Urquiza o el Pampero de Patoruzú. Muy al pasar mencionamos nombres escuchados en las zonas rurales que generalmente aluden al pelaje o al carácter del animal: Zaino, Tordillo, Alazana, Carbón, el Novecientos (curioso nombre que recordaba el precio de compra), Picaso, Malacara, Zenona o Titina, una famosa yegua corredora de cuadreras de los pagos de San Cipriano.
En cuanto a las razas, además del muy rústico andaluz traído por los españoles en tiempos de la Colonia, que derivó en el criollo argentino, era muy utilizado el denominado percherón originario de Normandía (Francia) producto de la cruza con caballos árabes. Hacia 1904 llegaron a Argentina, donde se difundieron rápidamente para las tareas agrícolas.
También el noble equino fue utilizado para el placer y el esparcimiento, como animal de monta y de tiro para arrastrar los sulkys, jardineras y otros vehículos de transporte familiar. O para las diversiones muy populares de las zonas rurales como las carreras cuadreras y de sulkys, y las polémicas jineteadas.


Bibliografía:
Herrera, Aldo , Arar con caballos, Imprenta Lux, Santa Fe, Junio de 2013
Gallay, Omar Alberto, Esperanza, corazón y tierra: narrativa histórica de la colonia San Cipriano, El Autor, C. del Uruguay, s/f.

14/12/14

Entrevista a la historiadora Celia Gladys López

Por Ricardo Cesar Bazán, periodista cooperativo

RB—Estamos en Concordia con la profesora Celia Gladys López.
Celia, ¿dónde nació usted?
CGL—Nací en el pueblo de Anzoátegui, una estación de tren muy pequeña en el confín de La Pampa en el límite con Río Negro, el nombre de esa población que es una población de industria salinera es debido al fundador.
RB— ¿cómo empieza su historia  con la historia?
CGL—Bueno, en realidad la historia fue siempre  de estación ¿no?, eso se lo debo a mi padre que inculco desde muy chica el gusto por la lectura, conversaciones sobre personajes, etcétera. Yo me recibí en el profesorado de Concepción del Uruguay y a partir de a ahí comencé ni bien recibida. Me recibí en diciembre y para junio ya estaba haciendo un trabajo de investigación, porque se venía el Segundo Congreso Nacional de Historia de Entre Ríos que se celebraba en la ciudad en conmemoración al bicentenario de la fundación por Rocamora, así que la temática a decidir  fue, como diría, instintiva porque tenía muchos alumnos de la colectividad Judía, yo también soy profesora de inglés, y daba clases en ese momento para ayudarme en mis estudios. Así que empecé a intentar posibilidades de escribir de las colonias judías, que era una temática que había sido muy poco trabajada. Solo unos pequeños trabajos de Beatriz Bosch, en unas colecciones de geografía de la academia nacional de la historia pero ella misma me confesó en una entrevista posterior, que no había podido llegar al fondo del tema por la falta de no sé si de comunicación con la comunidad o de desinterés por parte de la comunidad para que ella investigara. Entonces, había quedado iniciada la temática y yo aproveché esas pequeñas conexiones de mis alumnas  y me fui muy temerariamente al pueblo de Villa Domínguez, que fue el elegido. Estaba  en duda entre Basabilbaso y Villa Domínguez. El corazón me dijo que Villa Domínguez había sido más importante y aparecí ahí con algunas tarjetitas para el intendente. Tenía el nombre Vera  Sajaroff, la hija del gran cooperativista también, y tuve mucha suerte porque no sé si se notó mi entusiasmo o qué habrá sido pero todo el mundo me abrió las puertas enseguida, me hizo horarios especiales  para que pudiera estar en la biblioteca aprovechando todo el día. Yo en ese tiempo esa investigación la hice con mi hijo Patricio que ahora es profesor en el moisés, la mamadera, el calentadorcito,  etcétera y aprovechaba todo el día porque podía viajar una vez por semana.

RB— ¿y después lo plasmaba en un libro?
CGL—Claro, el primero de mis libros Cooperativismo y Cultura, historia de Villa Domínguez. Tiene un recorte cronológico de mil nueve cuarenta (1940). Fue muy pequeño hecho con aporte comunitarios y enseguida tuvo un premio a la actividad de parte de la subsecretaría de Cultura de Entre Ríos, que permitió la edición ampliada por parte de la editorial. En ese tiempo estaba Blanca Nott.
Debo aclarar también que yo no me limité a investigar. Vi una mina de oro, en cuantos documentos que se estaban perdiendo o porque estaban en galpones o porque la gente no les daba el valor que tenían y, documentos muy importantes tanto institucionales como privados. Había varias familias que tenían el archivo desde que salieron de Rusia completos, la saga familiar, pero no le habían dado mucha importancia, salvo dos o tres. Así qué paralelamente a la investigación yo fui creando conciencia en las autoridades y en el pueblo, de que eso tenía que ser resguardado. Y clasificado para que en algún lugar para que la gente pudiera consultar, para que quedara para las futuras generaciones. Desde el primer día eso y bueno, tuve la suerte que en mil novecientos ochenta y cinco (1985), apenas dos años y medio de haber empezado la investigación, fundamos el museo y archivo de la colonia Judía en Villa Domínguez. Desde ahí se preserva todo el patrimonio.
RB— ¿También ha escrito sobre los alemanes?
CGL—Sí, en realidad el que habla de inmigración y cooperativismo no puede dejar de tocar. De investigar ¿no es cierto?, a la colectividad alemana del Volga que es la fundadora de la cooperativa agrícola regional, yo diría que es la única que subsiste como tal en nuestros días. Entonces, la idiosincrasia de cada una de las colectividades es totalmente diferente así que primero hay que hacer un estudio de sus costumbres, su lengua, sus prácticas religiosas, el por qué esas diferencias porque provenían de un mismo territorio pero no eran oriundos de esos territorios, unos eran alemanes otros Judíos, pero ambos provenían de Rusia por eso en los primeros censos de la Argentina no se encuentran discriminados ni judíos, ni alemanes, se dicen rusos. Así que hay que hacer un cálculo estimativo  conociendo más  o menos la gente que vivía en las colonias porque el censo no los diferencia. En el caso de los alemanes es muy interesante, cómo ellos muy lentamente se fueron aproximando al cooperativismo, porque ya tenían sistemas cerrados más bien mutuales, no cooperativismo, mutuales en las pequeñas cajas que  manejaban, no podemos decirle cajas de crédito tampoco que eran manejadas por el sacerdote o el  pastor que personalmente decidía a quién le daba o no, quién precisaba o quién no precisaba. Algo además de cerrado muy subjetivo, ellos mismos consideran que no se puede llamar cooperativa pero en mil novecientos diez (1910), o sea, diez años después  de la primera cooperativa de las colonias judías aparece la agrícola regional con la particularidad, porque siempre tuvo muchas particularidades, por eso ha alcanzado tanto éxito quizás porque fue transitando caminos diferentes y encontrando vías de solución con la particularidad de que estaba atada a un banco agrícola regional, porque el gerente del banco era el gerente de la cooperativa y había sido apoyado por gente importante del lugar. Alemanes como lo son Müller por ejemplo. Pero lo que yo noto como gran diferencia es que parte del éxito de esa cooperativa en sus años iniciales, se debe a que tuvo acceso a créditos fáciles porque tenía el banco. A los chacareros les daba mucha seguridad saber que estaba el banco en algún momento de crisis, no era como en las otras colonias que el crédito del Banco Nación  o del Banco de Italia eran más difíciles de conseguir.
RB— ¿En la actualidad está dedicada a la investigación y actividades catedráticas, universitarias?
CGL—Sí, exactamente sí.
RB— ¿Dictando cursos, seminarios?
 CGL—Sí, yo estoy desde hace cuatro casi cinco años plenamente como investigadora tanto en la enseñanza media, en la Escuela Normal de Concepción del Uruguay, donde hago trabajos de investigación de la historia de la educación porque el normalismo ha sido un pilar fundamental en el sistema educativo argentino, y en la Universidad Autónoma de Entre Ríos, presento anualmente los informes de extensión o de investigación como es debido.
RB—Bueno, ¿algún proyecto para el futuro?
CGL—Bueno, siempre hay proyectos. Tenemos para el año que viene, en la parte de extensión las jornadas entrerrianas de inmigración que van a tener su segunda etapa aquí. El año pasado usted estuvo presente. Y de investigación, bueno terminar ese proyecto de historia de la educación que también se va a plasmar en un libro bastante importante, con más de seiscientas páginas. No es solamente sobre normalismo sino sobre todo la trayectoria educativa normalista y de los colegios nacionales pero anclados en Entre Ríos. Bueno, creo que con esto ya tengo bastante  
RB—Muchas gracias.

CGL—No, al contrario.

18/11/14

Artigas y la escuelita de Paraná

Por Rubén Bourlot
Publicada originalmente en revista Orillas

Hacia 1815 José Artigas, ya triunfante en su proyecto de constituir la Liga de los Pueblos Libres, dispone la fundación de una escuela de primeras letras en Paraná. No abunda la información acerca del funcionamiento de esta institución como tampoco de la existencia de otras escuelas en la provincia, lo que hace suponer coherente su preocupación por la educación de los niños.
Pérez Colman consigna que el seis de abril de 1815, estando Artigas en Paraná, ordena al comandante José Eusebio Hereñú fundar una escuela de primeras letras “notando que la existente continuaba clausurada, con graves perjuicios para la niñez en edad escolar”(1). En ese momento Herenú era el comandante militar de Paraná, tras su triunfo en la batalla del Espinillo ante los porteños comandados por el barón Eduardo de Holmberg.
La información surge de un expediente mediante el cual Doña Francisca Paula del Valle, reclama los alquileres adeudado por el Estado de la casa de su propiedad que había funcionado como escuela. Según consta en la documentación, el 5 de julio de 1815, Hereñú dispuso que ese local se destinara al funcionamiento de la institución.
En el petitorio del Valle, viuda y albacea de D. José Romeo, solicita que se certifique la propiedad del inmueble y se le abone los alquileres adeudados entre 1814 y 1821 de “… una casa pajiza, con sitio correspondiente, distante de la plaza una quadra al Norte, (que) la alquilé al actual Tesorero del Estado Dn. José Ramírez, para con el estipendio que perciba vine manteniendo, en el entretanto concluir los encargos de la testamentaria; y habiendo el dicho D. José Ramírez, mudándose, la alquilé nuevamente a D. José Eusebio Hereñú, quien vivió en ella algún tiempo, hasta que pasándose a otra casa determinó de la mía ocupándola en varios destinos, y últimamente a escuela de primeras letras sin mi conocimiento cuyo procedimiento atribuía las circunstancias del tiempo o a otros motivos que debía ignorar …” (2) 
El comandante Hereñú certifica 
que la casa arrendada funcionó como escuela
En la respuesta al reclamo, Hereñú manifiesta que “viví en ella algún tiempo, y que con motivo de hablar venido a esta Villla el Sr. Gral. D. José Artigas, y mandado se pusiese una escuela de primeras letras para la educación de la juventud, destiné y otra casa por lo pronto al mencionado ejercicio con ánimo de consultar el pago de los alquileres, fuese a cuenta del estado, lo que no pudo tener efecto por las ocurrencias del tiempo…”
En el testamento de la señora del Valle, firmado el 14 de enero de 1822, precisa detalles de la ubicación y características de la vivienda localizada en un “sitio distante de la Plaza una cuadra, que hace esquina frente al Leste y Sud y en él edificada una casa pajiza, paredes de adobe, compuesta de una sala y dos cuartos, y en el corral un galpón que servía de cocina y jabonería, y un cuarto de dispensa. Que la expresada casa al poco tiempo se alquiló a D. José Eusebio Hereñú cuyos alquileres no satisfizo y después como gobernador de este pueblo la estuvo en servicio del estado, sin que yo pudiese sacarla, hasta que mudado, y en el mes de febrero del año veinte y uno me la mandó a entregar…” La vivienda lindaba con las propiedades de Dionisio Castañeda, Ignacio Vera, Seguier y Miguel Varbarrey. Pérez Colman concluye que el lugar corresponde a la esquina de las actuales calles Andrés Pazos y Corrientes.
Firma de Francisca del Valle, propietaria de la vivienda
En 1821 la edificación se encontraba en un estado de evidente abandono, “(…) de hecho perdido el galpón, cocina y cuarto y toda la casa muy maltratada; de forma que la alquiló dicho Hereñú el día catorce de septiembre de mil ochocientos catorce y la entregó el día dos de febrero del año mi ochocientos veintiuno (…) La pieza expresada era de tanteo y de treinta y cinco varas de largo y seis de ancho (…)”
Como mencionábamos más arriba, no existen constancia del funcionamiento de escuelas en la provincia a partir de 1810, y recién para 1916 se informa de la existencia de una de sistema Lancaster en Concepción del Uruguay, fundada por el sacerdote chileno Solano García, también impulsada por Artigas. Es probable que la escuela de Paraná hubiera funcionado por poco tiempo dada la situación de inestabilidad política de la época y la carencia de fondos para sostenerla. El estado de abandono del edificio hacia 1821 demuestra que desde un tiempo considerable no prestaba ninguna utilidad.
Cabe acotar que el Protector de los Pueblos Libres mantuvo una permanente preocupación por la educación demostrada en la abundante legislación y en varias iniciativas como la distribución de cartillas para la enseñanza y la creación de la biblioteca pública de Montevideo, en 1816. "Sean los orientales tan ilustrados como valientes", era una de sus consignas.

(1) Pérez Colman, César B., Paraná 1810-1860, 1946.
(2) Archivo General de Entre Ríos, Fondo Gobierno, Serie VIII: tierras, propiedades del estado y colonización 1778 – 1897.

12/10/14

El día del mestizaje

Por Rubén Bourlot
Publicado en Orillas, el 12 de octubre de 2014

La realidad de nuestro continente latinoamericano es el mestizaje. Un continente nación atravesado por la diversidad de culturas indígenas y por la influencia hispánica que, en tres siglos de ocupación, le dejó dos preciados tesoros: Dios y la palabra. La palabra que une con una sola voz el continente; que es entendimiento, comprensión y prenda de unidad. Y el Dios que funde a la diversidad en un abrazo místico. Porque nuestra América es fruto del sincretismo que fue gestando una religión nueva, un religar de las diversas culturas americanas. Eso explica, además,  por qué la elección de un papa americano provocó el júbilo general del continente, más allá de las confesiones.
Esta palabra americana que alguna vez trajeron los peninsulares, el viejo castellano, no es la misma de hace cinco siglo. Es una palabra mestiza, acriollada, hecha nuestra. Y El Dios, que es único y universal, aquí en esta América también se hizo mestizo; es dios de maíz, de vientos antárticos, de tierras sin mal, de pachamamas. Todo se hace original en nuestra América.
América hispana es cultura de choques y contradicciones, pero también de fusiones y autocríticas. De prédicas religiosas surrealistas para adoctrinar al indio, de inquisiciones incendiarias y de misiones ejemplares para crear pueblos indios dueños de su destino frente a una realidad inevitable.
La persistencia indígena está en el mestizaje; está en la palabra quechua, aymara, guaraní que resisten como lenguas habladas y como argamasa de un castellano enriquecido.  Está en los rostros cobrizos del altiplano, y en los albañiles que todas las mañanas desafían las alturas de los edificios de las grandes urbes.

Cuestión de identidad
Arturo Uslar Pietri, el gran escritor venezolano, ponía el acento en que “… muchos hombres representativos de la América de lengua castellana y portuguesa creyeron ingenuamente, o lo pretendieron, ser lo que obviamente no eran ni podían ser. Hubo la hora de creerse hidalgos de la Castilla, como hubo más tarde la de imaginarse europeos en el exilio en lucha desigual contra la barbarie nativa. Hubo quienes trataron con todas las fuerzas de su alma de parecer franceses, ingleses, alemanes y americanos del Norte. Hubo más tarde quienes se creyeron indígenas y se dieron a reivindicar la plenitud de una civilización aborigen irrevocablemente interrumpida por la conquista …”. Y agrega: “por un absurdo y antihistórico concepto de pereza, los hispanoamericanos han tendido a mirar como una marca de inferioridad la condición de su mestizaje.”
Placa existente en la Plaza de las Tres Culturas de México

 Los entrerrianos nos reconocemos con el gurí, el tagüé, el mboyeré, y el che, que nos traen reminiscencias guaraníticas, y con el mate (mati) quechua en la mano. Porque si observamos a nuestro alrededor, el guaraní está en el aguaribay, el ñandubay, el apereá, el chajá, el pecarí, el mboretá, y tantos nombres dados a la naturaleza. En los caracoles del río Uruguay y en el Paraná como un mar. Ese lenguaje guaraní que en su momento fue común a los charrúas, a los chanaes  y otros grupos que habitaban estas tierras onduladas, y aún habitan en nosotros. Y luego vino el mancebo de la tierra, el mestizo del Paraguay que fue ocupando estas tierras y poblándola con palabras de un castellano castizo con tonadas guaraníticas. Y la soldadura de términos hispánicos con indígenas fue inevitable. La vemos en la Concepción del Uruguay, el San Antonio de Concordia, el Rosario del Tala, la Carmen de Nogoyá, el San José de Gualeguaychú.
Y Entre Ríos fue fusión entre lo español y lo indígena en las luchas por la emancipación y la autonomía de sus pueblos. Resuenan desde el pasado apellidos hispánicos en los Urquiza, Ramírez, López Jordán, Artigas. Pero con ellos están los soldados olvidados de mil batallas de inconfundibles rasgos guaraníticos,  los charrúas de las tropas de Artigas, y Anacleto Medina, y Miguel Guarumba con sus tapes de Federación, y Gaspar Tacuabé, y Pablo de la Cruz, todos misioneros afincados en la provincia.

Nuevas fusiones
Después vino el aluvión, de las montañas alpinas, de las riberas del Volga, de las praderas del oriente europeo, con sus palabras extrañas, y sus dioses, y sus cánticos, y sus ropajes. Y aquí multiplicaron las estancias en cientos de chacras, de concesiones que modificaron el paisaje entrerriano y lo tiñeron de dorados trigales, de celestes linares. Y el caballo del soldado, del tropero, tiró de la reja para hacer brotar el americano maíz, el mijo, el girasol, en melgas geométricas. Y las chacras se poblaron de cabezas rubias, de vacas, gallinas, viñedos, olivares…
Y el judío se hizo hombre de a caballo en Basavilbaso, los rusos de Diamante cocinaron la carne al rescoldo junto con el pirok y el kreppel. Los piamonteses supieron exclamar mboreyé con tanta naturalidad como decían mercí o comprampá. Y así se fueron amestizando, de a poco, con desconfianza, por necesidad y por imposiciones de un estado que quería “nacionalizar” a ese mosaico de culturas trasplantadas. Así el rabino tuvo que admitir la escuela pública en castellano con las efemérides de San Martín, Belgrano y mayos con escarapelas y negritas vendedoras de velas. Y el cura de la aldea alemana tuvo que aprender la lengua de Castilla para pronunciar los sermones en el idioma del país.
“Lo que vino a realizarse en América – dice Uslar Pietri – no fue ni la permanencia del mundo indígena, ni la prolongación de Europa. Lo que ocurrió fue otra cosa y por eso fue Nuevo Mundo desde el comienzo. El mestizaje comenzó de inmediato por la lengua, por la cocina, por las costumbres.”
Pero, como dice Mariano Picón-Salas, otro indispensable escritor venezolano, “es la lengua española el instrumento de identificación mayor y más válido entre los pueblos que viven desde la estepas del río Bravo hasta la helada pampa patagónica. Idioma e historia tienden, contra los obstáculos de la naturaleza, un sentimiento de fraternidad que, precediendo a los bloques económicos y políticos que acaso surjan en el futuro, sostienen la esperanza y más promisoria garantía del mundo hispanoamericano.”

Fuentes citadas:
Uslar Pietri, Arturo, En busca del Nuevo Mundo, Fondo de Cultura Económica, México, 1969.
Picón-Salas, Mariano, De la conquista a la independencia, Fondo de Cultura Económica, México, 1985.

29/9/14

A dos décadas de la muerte de Abelardo Ramos

Una reescritura de un artículo con rememoraba los diez años de la muerte de Ramos, y que fue publicado por algunos medio de Entre Ríos.

Hace dos décadas, el 2 de octubre de 1994, moría Jorge Abelardo Ramos. Escritor, historiador y político, encabezó una singular corriente ideológica y política de alcances latinoamericanos. Junto a una generación de pensadores, políticos e historiadores, identificados bajo diversos rótulos, realizaron un notable esfuerzo para intentar reescribir la historia y la memoria de la sociedad argentina y latinoamericana, debiendo para ello crear categorías de análisis propias, con el objeto de escapar a la inercia de los postulados importados de la vieja Europa. Así podemos mencionar, dentro de esta generación a Raúl Scalabrini Ortiz, Juan José Hernández Arregui, Norberto Galasso, Alberto Methol Ferré, Arturo Jauretche, Rodolfo Puiggrós, Fermín Chávez, entre otros. El pensamiento de Ramos se enraizaba con los enunciados del olvidado Manuel Ugarte, un socialista heterodoxo de principios del siglo XX, que pregonaba la unión de los países de América Latina en la senda de Simón Bolívar. [1]
Hombre de acción, se caracterizó por no medir las consecuencias a la hora de manifestar su pensamiento. Como dijo en estos días el papa Francisco, no temía ir contra la corriente. Fundó partidos políticos, editoriales, revistas y brilló en cuanta tribuna le permitiera canalizar sus ideas, con un discurso incisivo, directo, matizado de giros literarios, no exento de un ácido humor.
Jorge Abelardo Ramos en 1979, en una
entrevista con Ricardo Rodríguez y Aníbal Gallay
Escritor prolífico y con notable técnica literaria que hizo decir al editor Arturo Peña Lillo, que si se hubiera dedicado a la literatura podría haberse emparentado con García Márquez o Alejo Carpentier. En 1949 dio a luz América Latina, un país, un intento de escribir la historia hispanoamericana desde el punto de vista de los propios protagonistas.[2] Consciente de que no hay nada que envejezca más que un libro de historia, posteriormente reescribió su obra, revisándola y publicándola en la década de 1960/70 bajo el título de Historia de la Nación Latinoamericana. Su obra se articula alrededor de la idea de que “América Latina es una nación no constituida. Como somos una nación fragmentada, estamos dominados por las potencias antinacionales y, en particular, por Estados Unidos” [3]
En la década de 1960-1970 publicó su otra obra clave: Revolución y contrarrevolución en la historia argentina, una serie de cinco volúmenes, donde sobresale el primer estudio histórico sistemático del peronismo. Originalmente el volumen correspondiente al periodo de los gobiernos de Juan Domingo Perón se denominó La era del bonapartismo, aludiendo a categorías de análisis marxista. Más tarde lo rebautizó como La era del peronismo, en un esfuerzo por elaborar una categoría original, atemperando las influencias del pensamiento marxista, para explicar ese movimiento que fue objeto de múltiples estudios a partir de su irrupción en 1945. “El bonapartismo en un país colonial se caracteriza por el poder personal que se ejerce por encima de las clases en pugna, haciendo el papel de árbitro entre ellas”, definía Ramos. [4]
Ramos también se atrevió a incursionar en el análisis literario desde una perspectiva socio - política, dando a luz Crisis y resurrección de la literatura argentina. Como siempre sus conclusiones despertaron la polémica y obligaron a repensar lo que se consideraba una síntesis definitiva. Algo similar a lo sucedido con Los profetas del odio de Arturo Jauretche. El análisis del Martín Fierro, de la obra de Borges y de Martínez Estrada es una invitación a nuevas lecturas, desde puntos de vista hasta ese momento no explorados. Decir que la obra de Hernández no es sólo la máxima obra poética nacional, sino un verdadero tratado de historia y política, fue un baldazo de agua fría que conmovió los cenáculos literarios y políticos.
Durante la década de 1960 y la primera mitad de la iniciada en 1970, lo tuvo como el historiador de consulta obligada por los jóvenes que despertaban a las preocupaciones sociales y políticas. La serie Revolución y contrarrevolución..., fue reeditada en varias oportunidades, en formato económico, que competía en ventas con las más afamadas novelas de la corriente del realismo mágico, como Cien años de soledad de García Márquez. Es ese periodo fundó el partido Frente de Izquierda Popular, con el cual logró consolidar el intento de elaborar una doctrina política de carácter nacional que se entroncaba con lo más elaborado de la doctrina de Perón, con el pensamiento de los marxistas americanos y del nacionalismo llamado popular, por oposición al nacionalismo conservador.
Con el FIP, en coincidencia con el operativo de retorno de Perón y con la ebullición de la juventud que se interesaba vivamente por la política, logró captar una importante franja de adherentes que pretendían apoyar al renaciente peronismo pero desde un punto de vista crítico. Difícil era insertarse en el campo nacional junto al peronismo pero sin las limitaciones del pensamiento de Perón en su carácter de “nacionalista popular burgués que se propuso desarrollar el capitalismo argentino” [5], que tal vez no estaba dispuesto a avanzar abiertamente hacia un modelo socialista autóctono. Difícil era insertarse en la ola de la juventud estudiantil de clase media que viraba hacia la izquierda, sin caer en la dinámica de la lucha armada elitista. Difícil encontrar la inserción planteando el socialismo nacional o “criollo” diferenciado de los postulados esquemáticos del marxismo ortodoxo del Partido Comunista o del entusiasmo de los grupos pro guevaristas que impulsaban la revolución armada si tener en cuenta la voluntad del pueblo. No obstante, por primera vez esta posición logró constituirse como partido y participar con identidad propia en procesos electorales. Inclusive sobrevivió a la oscura noche que se comenzó con la muerte de Perón y se consolidó con la dictadura militar 1976 - 1983. La reapertura constitucional encontró a la corriente de la izquierda nacional con la bandera intactas y con acontecimientos nuevos para analizar, como fue el pasado Proceso militar y la recuperación de las Malvinas y el consecuente enfrentamiento abierto contra el colonialismo inglés. Nuevos desafíos del cual el pensamiento de Ramos resultó original y airoso.


[1] Ravano, Gabriel Hernán, Jorge Abelardo Ramos (1921-1994) Notas sobre un escarpado viaje entre el marxismo y el nacionalismo, en Marxists Internet Archive, 2002
 [2] Cfr. Peña Lilo, Arturo, Memorias de papel, De. Galerna, Bs. As., 1988, p. 102.
[3] Pandolfi, Rodolfo, Entrevista a Jorge Abelardo Ramos, Revista Confirmado, 29 de febrero de 1972, en www.elhistoriador.com.ar            
 [4] Ramos, Jorge Abelardo, La lucha por un partido revolucionario, Ed. Pampa y cielo, Bs. As.  1964, p. 15.
[5] Pandolfi, R. Ibíd.

28/9/14

Pedro Aguer. Maestro, político y cooperativista

Entrevista por Ricardo César Bazán*

-Pedro, quisiera preguntarte sobre el cooperativismo desde tu juventud ¿Cómo comienza?
-Mi interés por el cooperativismo data desde que empecé a acompañar a mi padre, Gumersindo Aguer, quien fuera el maestro con quién me forjé como militante en los aconteceres de la política en general y del cooperativismo en particular.
Su vocación por la problemática social hizo que no pudiese mantenerme al margen, iniciando mi formación cuando participé en la creación del Centro Reformista de la Escuela Normal, ese fue mi primer compromiso, el que continué hasta la fecha.

Conocí el movimiento cooperativista de mi provincia escuchando a hombres que dejaron su impronta con el ejemplo: Bernardino Horne, David Merener, Luis de Casas, Guillermo Bender, Arturo Álvarez Daneri, con quienes mi padre sostenía una amistad compartida en la lucha, que se traduciría en una propuesta social agraria, para que el hombre fuese dueño de la tierra que trabajaba y se preparara para quedarse a vivir dignamente en el campo, en vez de prepararse para abandonarlo.
Era una lucha que se daba sin cuartel contra la intermediación despiadada de la especulación.
En sus reuniones aprendí las bondades del cooperativismo como herramienta para encauzar la producción, la educación y el consumo solidario democráticamente.
-¿Qué mas recuerdas de tu familia en relación con el cooperativismo?
-Yo tengo el antecedente de un abuelo mío, de mi abuelo paterno Don  Pedro Aguer que fue participante de la Cooperativa de Ferroviarios (Coop 1° de Mayo fundada en 1917), después mi padre trabajó como docente en la Escuela Alberdi y estuvo siempre vinculado a la actividad rural porque él se recibió de profesor trabajando como lechero y docente, y entonces estuvo vinculado a ese tipo de actividades, porque el comprendía la necesidad que la gente tenía de asociarse para poder seguir trabajando en la pequeña empresa familiar, sobre todo en las empresas rurales familiares, así fue como también vio que era necesario que se asociaran los avicultores que eran los que cultivaban las razas de gallinas de las cuales derivaron todas estas otras que hoy se consideran como parrilleras o se conocen con el nombre de parrilleros o alta postura, pero en realidad en ese entonces acá en la ciudad de Paraná se cultivaban las distintas razas, eran como 20 o 30 razas de distintas gallinas, y entonces formó una cooperativa para realizar exposiciones y para que la gente tuviera la oportunidad de… comunicándose, mejorar la genética, por eso fue que se constituyó esta cooperativa de la que mi padre formó parte.
-Durante tu función pública ¿podrías nombrar alguna cooperativa emblemática?
-Evito nombrar algunas porque si me estuvieran escuchando los cooperativistas dirían ¿Cómo se acuerda de ella y no se acuerda de la mía?, porque el problema del cooperativismo no es si hay mejores o peores cooperativas, sino si hay cooperativistas, verdaderamente cooperativistas en las cooperativas, entonces yo lo que sí inclusive siempre mencioné como cooperativa emblemática ya que vos empleaste esa palabra yo te la tomo, fue la Cooperativa de Pescadores de Victoria que fue todo un ejemplo de lucha, que fue todo un ejemplo de progreso y que fue en consecuencia un ejemplo cooperativista.
-Cuando yo era estudiante leí un escrito tuyo en donde contestabas a una afirmación de una persona que decía que el cooperativismo era un parche del sistema capitalista, ¿Qué pensás hoy?
-Lo que pensaba entonces, el cooperativismo es una entidad institucional, social y espiritual que no tiene nada que ver con el extremo de la derecha que dice que en aras de la libertad hay que restringir los derechos o de la extrema izquierda que dice que para que los derechos se logren es necesario restringir la libertad, estos son los dos planteos de la desesperación, por un lado mantener las injusticias que perjudican a los pobres y por el otro lado de utilizar a los pobres para llegar a las alturas de la burocracia y del poder. En cambio en la cooperativa con la participación democrática de sus asociados y en forma igualitaria, un socio es igual a un voto y a esto lo repito muchas veces, porque ni siquiera el presidente en una cooperativa puede desempatar en el caso que haya dos posturas con igualdad de votos. Tiene que seguirse discutiendo hasta que se llegue a la luz buscada, entonces esto es lo importante del cooperativismo, por eso si bien tiene una raíz socialista, que hay que reconocerla y decirla con toda tranquilidad, porque por lo general han sido los partidos socialistas los que promovieron el sindicalismo, los que promovieron las organizaciones solidarias y entre ellas el cooperativismo, lo que pasa es que a la derecha le conviene para asustar a la gente decir que el cooperativismo es comunista, pero no se trata de una cosa ni de la otra, el cooperativismo es la igualdad, es la equidad y es la libertad en democracia.


*Téc. Sup. en Cooperativismo

21/9/14

La Dragona Montenegro

Por Rubén Bourlot
Publicado originalmente en la revista Orillas

Las mujeres en la historia de Entre Ríos aun no tienen la visibilidad que se merecen, en parte por los mismos motivos que en todas partes el papel de la mujer estuvo y aún está relegado al ámbito privado, alejado de los espacios de decisión. Pero si por motivos fortuitos emerge una figura protagónica, el tiempo y el desinterés de los historiadores va borrando sus huellas. Poco es lo que se sabe de personalidades como Tadea Jordán la madre de los caudillos Ramírez y López Jordán, a pesar que no fue solamente una mujer ama de casa. De la famosa Delfina, si bien no era entrerriana fue protagonista de sucesos provincianos, casi nada se conoce. Otro caso es el de Juana Montenegro, la Dragona, que estuvo en los entreveros cuando los porteños pretendían meter una cuña en estas tierras cobijadas bajo el protectorado artiguista. Es 1814 cuando el Directorio crea la provincia y manda gobernadores intendentes a mandar, rechazados por los entrerrianos. Y la Dragona encuentra una fama fugaz combatiendo del lado de los porteños. Una jugosa crónica, que Elvira Reusmann de Battolla vuelca en un libro de 1910, retrata sus andanzas en la batalla de Paso de Belén, en la zona de Concordia.

La autora relata que "al rayar el día de una mañana, triste y lluviosa del mes de setiembre de 1814, hallóse campado a inmediaciones del Paso de Belén el Coronel José María Lorenzo con ciento veinte dragones, una pieza de a cuatro y treinta milicianos de Gualeguaychú a las órdenes del Comandante Samaniego”.
Con los naturales prejuicios de la época hacia los caudillos la autora continúa la narración: “la columna expedicionaria se había puesto en marcha la víspera al entrar el sol y llevaba orden del Coronel José Blas Pico, Gobernador Intendente de Entre Ríos, de batir en ese paraje a los artiguistas que al mando de José Miguel Chiribao infestaban con cuadrillas y partidas de bandoleros parte del territorio fronterizo a Corrientes, interceptando las comunicaciones de ambas provincias.
“Tras la compañía de dragones iba una mujer, mestiza de color, alta, con el vestido arremangado hasta las rodillas... Esa mujer se llamaba Juana Montenegro y era la esposa de un dragón. No compartía de las fatigas de su marido, en clase de soldado, pero, de varonil carácter, gustaba de acompañarlo en todas sus expediciones y haciendo ostentación de un corvo sable ceñido sobre la pollera.
Al verla seguir la expedición, algunas compañeras pifionas (sic) y soldados traviesos, solían decirle:
— ¿A qué viene? ¡Qué feo va á disparar!  La víctima será el marido, que por defendería se hará matar.
A lo que ella, sin ofenderse, contestaba de vez en cuando:
— ¿A qué vengo?  Ya verán. . . ya verán a lo que vengo.
Con las primeras claridades el Comandante Samaniego avanzó con sus milicianos hacia el lugar donde creía encontrar al enemigo: un monte espeso. No vio nada. Entonces para llamar la atención y conocer su paradero, mandó hacer unos disparos. Los artiguistas, que estaban cerca en número de nías de doscientos armados de lanza, sable y fusil, cayeron sobre él, trabándose el combate con todas las fuerzas de Lorenzo.
En lo más recio de la pelea se descolgó un fuerte aguacero que inutilizó las armas de fuego quedando en virtud de ello con superioridad los anarquistas, por su número. Fue entonces que el Comandante Lorenzo dio la voz de mando a su tropa:
— ¡Carabina á la espalda, sable en mano y a la carga!
Y se lanzó con brioso empuje sobre el enemigo. Juana Montenegro desnudó también su sable, y al lado de su esposo se entreveró con los combatientes, ágil, entusiasta y valiente como el dragón más renombrado del regimiento. Derrotados y deshechos los artiguistas, ella siguió encarnizada la persecución á través del monte, donde quedaron girones de su pollera, volviendo al terreno de la acción de los últimos, con un fusil arrancado personalmente á un enemigo y que entregó orgullosa á su jefe como trofeo de guerra y enseña de su valor.
— ¡Para esto he venido! —dijo enseguida con altanería a los soldados que la aplaudían y vitoreaban.”
La actuación de la brava dragona no queda en el anonimato porque su jefe, el coronel Lorenzo le trasmite al intruso gobernador sus hazañas y éste lo eleva al  Supremo Director del Estado, Gervasio Antonio de Posadas que suscribe un decreto reconociéndole su condición "mandando que dicha Juana Montenegro pase revista en el expresado Regimiento de dragones desde el día del ataque y que se le abone por toda la vida el haber de soldado, dándosele especialmente las gracias por su valor heroico".
De ahí en más la Dragona pasa a formar parte ese ejército de mujeres perdida entre las brumas del anonimato.


Fuente: Elvira Reusmann de Battolla, Páginas inmortales: el libro de oro de la mujer americana: episodios, anécdotas, acciones históricas (1910), citado por P. Grenón S. J. compilador, Documentos históricos, T. 21, Secc. Patriótica N° 4, Patriotas cordobesas, Archivo de Gobierno, Córdoba, 1931.

16/9/14

Entrevista a María de las Mercedes Baucis

Tataranieta de Felipe Baucis, fundador de la primera cooperativa argentina

Por Ricardo Cesar Bazán*

María Baucis nació en Entre Ríos, en la ciudad de Colon, vivió en Rosario del Tala, Nogoyá y Paraná  y en la actualidad reside en Rosario. Hace varios años que se ha dedicado a investigar y recopilar la historia de  sus antepasados. Uno de estos datos es de vital importancia desde el punto histórico y está relacionado con la primera cooperativa Argentina de la cual su tatarabuelo fue su primer tesorero. Nos referimos a la Panadería del Pueblo fundada durante la Confederación Argentina, siendo el general Justo José de Urquiza uno de los principales promotores de esta empresa asociativa.
 

- ¿María, cómo es la historia de los Baucis?

Los Baucis eran gente muy culta en España y fueron totalmente liberales, entonces cuando yo empecé a estudiar la historia de la familia encontré que no era tan sencillo el liberalismo, la monarquía, los cambios en España. Uno cree que fue en menos etapas, en cambio hubo muchos cambios de gobierno de tendencias, caía uno volvía el otro, y por ejemplo la inquisición que uno pensaba que había terminado pero durante años y años siguió existiendo y volvía. Y justamente los Baucis tuvieron que escapar porque había caído el movimiento revolucionario, Napoleón había ayudado a que volviera el gobierno de España, volvía la inquisición con todos sus hierros y todas sus cosas y los Baucis eran activistas liberales, entonces - según me contaron cuando estuve en España - gente de la familia de allá  pasaron 2 o 3 días encerrados en el cementerio, en un panteón, porque pensaron que ahí no los iban a buscar y efectivamente  no los buscaron y cuando el barco estaba en el puerto salieron de noche y vinieron para acá.

- Usted cita a un viajero de Inglaterra que dice que Felipe Baucis y el Gral. Urquiza estaban organizando una panadería social según un modelo ingles.(1)

Según supe, Urquiza propicia a través de sus amigos, cosa que me interesó mucho, la creación de colonias, cooperadoras y cooperativas. Prueba de ello es la inminente puesta a trabajar, esperan que antes de fines del presente 1857, de una Panadería en Paraná, siguiendo las ideas inglesas expresadas en 1844 en Rochdale. Baucis es el más entusiasmado, y con otros amigos de aquella pequeña ciudad, y el apoyo moral de Urquiza, han logrado este hecho.
Si es cierto todos sabemos que Urquiza era terriblemente moderno pero además terriblemente curioso y aunque nunca salió de Argentina (mucha gente cree que el vivió, incluso una de las culpas que le echan de que era europeo y que le gustaba la vida en Europa, y el jamás salió de Argentina) pero mantenía un contacto epistolar y cuando algo le interesaba directamente le pagaba el viaje y lo traía. Aparte cerca del Palacio San José estaba el puerto del saladero y allí llegaban periódicamente cantidades de barcos que uno cuando lee no se anima a repetirlos porque eran más de 150 barcos anuales que venían de Inglaterra y cada uno de esos barcos traía todas las noticias, los periódicos. Otra cosa que la gente no sabe que en la época de la colonia el inglés era un idioma común, nosotros pensábamos que se hablaba solamente el español, y si uno se pone a  leer la historia colonial el inglés se hablaba tanto como el español. Había periódicos, había Club, había todo en inglés y algo de eso llego acá y también se hablaba mucho el francés, o sea que la información que se podía recibir era en tres idiomas, no solamente ceñido a uno, y además agreguemos el cuarto que es el catalán.

- Y a través de estos familiares que quedan en España reciben la noticia que en Inglaterra se había hecho una cooperativa y traen la idea aquí a Argentina.

Si, fue a través de ellos pero también de los barcos que traían de Inglaterra, venían con los periódicos y con esas cosas. Desgraciadamente mucho se perdió porque la familia no es grande, pero no se le da importancia a las cosas y el que tenía mucho material. Un  ejemplo es que uno de los Etcheves Baucis cuando murió sin familia y sin nada, y los sobrinos que levantaron la casa me dijeron que no habían encontrado nada, yo sabía el material que el tenía o que había visto, incluso yo tengo cosas de los Baucis en España de 1700, 1800 que me las dio él, pero el guardo mucho y se ve que ellos pensaron que eran papeles viejos y los tiraron.

- Felipe Baucis fue el primer tesorero de la cooperativa Panadería del Pueblo, ¿qué otras cosas hizo Felipe Baucis en Paraná?

Felipe Baucis trabajó…, la sociedad era muy pequeña, así que eran siempre los mismos. Gregorio de la Fuente y él hicieron la Sociedad Española, hicieron el Club Socialista, estuvieron en todo y después el que siguió con todas esas cosas fue el hijo de él, pero…Felipe Baucis que era español en un momento se les prohibió trabajar , porque con la Revolución de Mayo se prohibió que todos los españoles trabajaran en el gobierno no podían ocupar puestos, después se encontraron con que los criollos no estaban preparados y hubo que retroceder y esta gente que venía con tan buena formación se dedicó a los números y entonces Urquiza lo tuvo…hasta tal punto que tenía confianza que le dio poder de administración total sin obligación de rendir cuenta. Eso está en los libros de historia, no es que yo lo tenga. Por ejemplo, cuando compró la casa para hacer la Casa de Gobierno, cuando compró para hacer la casa de Urquiza presenta los poderes, una cosa que hoy no se concibe sin obligación de rendir cuenta y siempre se dedicó a la parte contable. Entre los cargos que ocupó él, fue vista general de aduanas cuando la Confederación y hay una nota oficial de Urquiza mandándole la orden de ahorcar en la plaza pública, frente a la Catedral, a todo el que entrara un hilo de contrabando, dice.  Y con ese decreto parece que se acabó porque nunca ahorcaron a nadie, pero lo que me refiero a que tuvo muchísimas actividades y hay que ver en la época que él estuvo y que él vivió en el Palacio San José. También era la época que acá  estaban las embajadas instaladas en Paraná, que la vida social y política era enorme, que todo el movimiento con los países extranjeros se manejaba desde acá y él era uno de los hombres de mucha confianza. Hay un cuadro o estaba por lo menos hasta que yo supe en la gobernación, en el salón principal cuando cruza Urquiza a Uruguay una de sus campañas y el pintor describe, y Pérez Colman lo toma,  de que está rodeado por sus amigos viendo amanecer y el que está a la derecha es Felipe Baucis (2).

- Y después hay un Baucis, Jaime que está en la Intendencia de Paraná y también funda una Panadería.

Si también funda, yo le decía Ricardo  que es notable porque lo que empezó uno con los amigos haciendo una panadería que le pusieron el nombre “Del Pueblo” justamente porque era la idea, la idea socialista, supongo que salía de ahí para que la gente tuviera, era una población muy pequeña. Después cuando el hijo fue intendente fundó la Panadería del Pueblo a cargo de la misma intendencia y los panes salían con el sello de la intendencia también siempre defendiendo el bolsillo de la gente. 
  
(1)Diario de Viajes 1856-1858, de Henry Jonston.(Cita transcripta por María Baucis)
(2) Se refiere al cuadro de Caraffa que representa el cruce del río Paraná, en Punta Gorda departamento Diamante, por parte del Ejército Grande comandado por Urquiza en 1851


*Tec. Sup. en Cooperativismo

11/9/14

Mujer y maestra

Por Rubén Bourlot
Publicado originalmente en la revista Orillas

Maestra mujer. Maestra sacerdocio. Maestra madre postiza. El mandato social del siglo XIX dispuso, salvo excepciones, que la enseñanza debiera estar a cargo de la mujer. Así como la mujer era quien, puertas adentro, se ocupaba de la crianza de los hijos, de las tareas domésticas, también tenía el deber de hacerse cargo de la instrucción de los niños. Por eso el mandato decía que la maestra debía se soltera, sin hijos propios, para que se hiciera cargo en plenitud de su sacerdocio. Hasta hubo contratos de maestras, del Consejo Nacional de Educación, que hacia 1923 disponían como requisito “no casarse” y advertían que “este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si la maestra se casa”. En otra cláusula se imponía “no andar en compañía de hombres”.
La maestra Sarita fue personal único de la escuela Nº 17, una escuela de campo en el departamento Uruguay. Por casi dos décadas estuvo al frente del aula, el turno tarde con los más chiquitos, el de la mañana con los “chicos grandes” como les decía. Aún en las décadas del 60 y 70 cumplía con el mandato de dedicarse a esos hijos postizos, sin tiempo para enamorarse y formar su propia familia.
 La maestra Sarita
Niños y niñas descubrían asombrados lo que significaban esas letras alineadas en las hojas de los libros de lectura como Albricias, Tea, Los Teritos, Sol. Domaban los dedos para aprender los trazos de las palabras y los números. Hallaban nuevos mundos y constelaciones en los bosquejos borroneados con tiza sobre el pizarrón.


La maestra Sarita dividía el pizarrón con trazos firmes, para los de segundo, los de tercero, los de quinto, porque el cuarto estaba desierto, y así.  En cada franja escribía las actividades para cada grupo, mientras le dedicaba su tiempo personal a los del primer grado.
Eran tiempos de exilios. Perón en España desde 1955 y River sin ganar una copa desde 1957. Sarita no era peronista, pero era de River y solía recibir las cargadas de sus alumnos después de cada contraste del club favorito. No le interesaba mucho el fútbol pero los domingos, cuando todos estaban prendidos de los relatos de un clásico Boca – River, Sarita sintonizaba su Spica para espiar el resultado del partido. Así el lunes no la encontraba desprevenida.
Con los calores del verano, las heladas del invierno, entre los muros de la escuela sin calefacción ni ventilador, sin electricidad, solo iluminados por los generosos rayos del sol que se filtraban a través de los ventanales, la maestra Sarita siempre estaba. Y a veces cuando la lluvia se ensañaba a la hora de la vuelta al hogar, un puñado de alumnos que esperaba hasta que escampe, era agasajado con un arroz hervido que sabía a manjar.
La maestra Sarita preparaba los actos escolares como si fuera a dar una función en el teatro Colón: el canto desprolijo del Himno Nacional y Aurora, las dramatizaciones, de esas que publicaba la revista La Obra o el Anteojito, con morenas vendedoras de mazamorra pintarrajeadas a corcho quemado, o los tradicionales bailes grupales como gatos, chacareras y el Pericón acompañados por la música de un grabador Geloso, o por su propia guitarra que empuñaba con discreta habilidad.
     Alumnos y maestras frente a la escuela N° 17 hacia 1906
Y en los recreos largos, porque los había cada tanto, eran para un compartir un picadito de fútbol  en la canchita improvisada sobre un terreno ganado al chilcal, o para cultivar la huerta y mantener a raya las malezas.
De nuevo en el aula única, los más grandes descifraban los contenidos compendiados en el gordo Manual Kapelutz o el más provinciano Fogón. Los más chicos, ya aprendidos los primeros deletreos, pasaban al frente leer, con el libro sostenido con una sola mano y levantando la vista en cada punto, el texto previamente repasado una y otra vez.
Cada fin de año, en una sencilla ceremonia, se homenajeaba a los que egresaban (cuando había egresados), después el baile a beneficio organizado por la cooperadora con orquesta en vivo. Y Sarita partía al merecido descanso, tal vez a su natal en Concordia. O a Buenos Aires donde tenía un departamento, su única propiedad.
Y un día la maestra Sarita se jubiló (“¿Era premio o era castigo?”, como dice el poema de Landriscina). Un puñadito de alumnos de guardapolvos blanco la saludó con emoción. Ella se fue perdiendo por un caminito polvoriento. El puñadito de alumnos, unos caminado y otros en bicicleta o a caballo, se fueron alejando mientras ocultaban alguna lágrima. La escuela quedó sola. Después vino una maestra suplente. Al poco tiempo también jubilaron a la escuela. Ya era un edificio vacío. Tal vez de tristeza.

Fuentes:
Contrato de Maestras, 1923, en Revista del Consejo Nacional de la Mujer, Año 4, Nº 12, marzo de 1999.
"Maestra De Campo" de Luis Landriscina.

8/9/14

El Chumbiao, un montonero de historieta

Por Rubén Bourlot
Publicado originalmente en la revista Orillas

En la segunda mitad del siglo XIX un singular personaje atraviesa las lomadas entrerrianas montado en su potro agitando el grito de ¡viva López Jordán! Son los últimos escarceos de la guerra montonera contra la prepotencia porteña. Lanzas y trabucos se enfrentan heroicos contra las armas mortíferas de repetición y el auxilio del telégrafo.
Fotografía de El Chumbiao por la casa
Franco – inglesa de Gualeguay
Tras la muerte del general Justo José de Urquiza, el 11 de abril de 1870, la Legislatura de la provincia nombra para sustituirlo como gobernador a Ricardo López Jordán. El gobierno nacional, encabezado por Domingo Faustino Sarmiento, ofuscado ante esta medida, responde con la intervención armada. López Jordán se prepara para resistir en defensa de la autonomía provincial y en la zona de Paraná lo apoya con sus paisanos montoneros El Chumbiao, apodo que llevaba el capitán Gerónimo Romero, oriundo de Gualeguay.
Una canción popular retrata la situación:
“Qué importe que ellos traigan/ el prusiano Remington,/ si nosotros con la lanza/ iremos hasta el cañón”… “A las armas, compañeros/ nos llama otra vez Jordán./ No más comer ese pan/ amargo del extranjero”.
El historiador Fermín Chávez es quien rescata esta figura legendaria, como el Calandria protagonista de la obra teatral de Martiniano Leguizamón. Chávez relata un suceso que lo pinta de cuerpo entero. “El 20 de mayo de 1870 a la cinco de la madrugada, el conocido gaucho El Chumbaio (Gerónimo Romero) y 300 hombres dan un golpe de audacia en Paraná, despertando a los gritos a la infantería nacional dormida en la plaza, y retirándose sin tomarla”. Más allá de la importancia de la acción, el hecho demostraba a las tropas nacionales que la intervención no sería un paseo militar. Chávez documenta este episodio con una carta que el ex cónsul del Brasil en Paraná le escribe al entonces ministro de Guerra y Marina argentino, Juan A. Gelly y Obes. En esa misiva le expresa que “hoy a las cinco a seis de la mañana hemos pasado un mal rato; más vergüenza que por el peligro – 300 a 400 gauchos se ha entrado a esta plaza principal donde había como 400 infantes durmiendo al extremo que los centinelas los sintieron cuando se los llevaban por delante pero a los primeros tiros huyeron. Esto ha sido debido a la completa nulidad de las autoridades militares, pues la tropa ni las armas tenía cargadas, en fin una vergüenza…”
Dibujo de El Chumbiao por Juan Arancio
Pero también tenemos la versión del propia Chumbiao que el 20 de mayo le escribe un informe a López Jordán sobre su actuación:
“(…) En cumplimiento de la orden recibida de S. E., me marché para el pueblo de Paraná con 200 hombres, y a las 5 y media de la mañana estuve en la plaza principal dando vivas en la puerta de la Jefatura de Policía a nombre de nuestra Patria y de V. E.; y habiendo contestado el Oficial de Guardia, gritando vivas y tocando dianas, sentí unos tiros y descargas que la hacía el señor Ermeregildo Albariño, que pasaba dando vivas en la esquina de la plaza (casa del General Urquiza) una guardia que allí había, después de haber contestado las vivas.
“Luego después les hicieron fuego a las demás partidas que había por distintos puntos y no pareciéndome propia la pelea dentro del pueblo para no ofender a la población ordené la retirada a los oficiales que encabezaban dichas comisiones a las orilla del pueblo donde yo me retiré, parando a ver si salían los traidores enemigos para combatirlos. (…)”
Después de esperar a los porteños unas horas, se convencieron que no iban a salir a combatir a campo abierto y resolvieron retirarse.
El Chumbiao acompañó a López Jordán durante toda su primera campaña de resistencia a la intervención federal. En junio del mismo año las montoneras de El Chumbiao toman Nogoyá. La última actuación del capitán Romero se registra en la batalla de Ñaembé, Corrientes, ocurrida el 26 de enero de 1871, donde los jordanitas derrotados ponen fin a la rebelión.

De historieta

Tira publicada en el diario Clarín
Después del último entrevero la historia de este soldado matrero se pierde y comienza la leyenda. Y en esta leyenda se inspira nuestro historiador Fermín Chávez para reconstruir su vida legendaria en formato de historieta, plasmada en el dibujo por el santafesino Juan Arancio, conocido por generaciones de lectores de las revistas de la editorial Columba (El Tony, Dartagnan, Fantasía, entre otras). La historieta se publicó como tira diaria en el diario Clarín entre 1967 y 1971. El primer episodio cuenta que “en la Mesopotamia, a comienzos de 1871 un gaucho vencido en batalla y en desbando… huye hacia el sur tratando de salvar el pellejo. Se llama Gerónimo Romero, mas le dicen el Chumbiao”.

Fuentes:

Clarín Revista, Buenos Aires, 15 de enero de 1867

16/7/14

Un guaraní en Malvinas

Por Rubén Bourlot
(Publicado originalmente en revista Orillas)

Cobijadas por un manto de neblina, como el de la canción, las islas hoy atrapadas por las garras coloniales tuvieron en otras épocas gobernadores designados por las autoridades rioplatenses. Luis Vernet  fue designado Comandante Político y Militar de las islas Malvinas el 10 de junio de 1829. Pero antes aún hubo autoridades que cumplían esa función, entre otros un guaraní de las Misiones, pero aquerenciado en los pagos de Mandisoví - menos conocido que el Gaucho Rivero -, que fue nombrado Comandante de las irredentas tierras del sur. Fue una fugaz actuación pero de enorme significado como acto de reafirmación de la soberanía sobre el territorio malvinense.
Tras la sustitución del gobierno virreinal en mayo de 1810, todos los territorios pasaron a depender del nuevo gobierno revolucionario, incluyendo las islas Malvinas que en ese momento contaban con un pequeño destacamento militar. A partir de esa fecha fueron varios los actos de posesión. En 1810 la Primera Junta, atendió los reclamos del hasta entonces comandante militar español en Malvinas, Gerardo Bordas, que en vez de dirigirse al virrey español, hizo petición al primer gobierno argentino, que le erogó los sueldos reclamados. En enero de 1811 el gobernador realista de Montevideo, Gaspar de Vigodet decidió reunir todas las fuerzas militares de las que disponía a fin de enfrentar a los revolucionarios de Mayo, por lo que ordenó a las fuerzas existentes en el archipiélago, que estaban a cargo del destacamento, abandonar Puerto Soledad.
En 1820 el marino norteamericano David Jewett, comandante de la "Heroína", fue "comisionado por el Supremo Gobierno de las Provincias Unidas para tomar posesión de las islas en nombre del país a que éstas pertenecen por ley natural". A ese fin, el 6 de noviembre de 1820, enarbolando el pabellón nacional en Puerto Soledad, sobre el fuerte destruido y disparando una salva de 21 cañonazos, tomó posesión de las islas en nombre del "Supremo Gobierno de las Provincias Unidas de Sud-América". En 1821 Jewett fue sustituido por el Teniente Coronel Guillermo Mason.

El nombramiento de Areguatí

El 23 de agosto de 1823 Luis Vernet (de Hamburgo) y Jorge Pacheco (de Buenos Aires) "asociados", solicitan al gobierno de Buenos Aires el usufructo de las carnes, cueros y ganado vacuno de la isla Oriental de las Malvinas, haciéndose "cargo de la refacción de los edificios para tenerlos a disposición de las autoridades cuando éstas lo necesitasen". El 28 de agosto por decreto firmado por Martín Rodríguez y Bernardino Rivadavia se les acuerda la concesión, con la habilitación para usufructuar los bienes referidos.
 Carta de Areguatí describiendo la
calamitosa situación de la expedición
En diciembre Pacheco dirigió un nuevo pedido al gobierno. En él anuncia la próxima partida de la expedición, en la que marchaba el capitán de milicias retirado Don Pablo Areguatí, y para el cual solicita el título de "Comandante de Soledad" sin  goce de sueldo alguno.

Nacido en la aldea San Miguel Arcángel fundada en tiempos del Virreinato del Río de la Plata por misioneros jesuitas, hijo del corregidor de la misma, el guaraní Pascual Areguatí , educado primero por jesuitas, Pedro entró junto con un hermano en el Colegio Real de San Carlos, en Buenos Aires, hacia 1798. Esta institución –por cuyas aulas pasaron Manuel Belgrano, Juan José Paso, Juan José Castelli, Mariano Moreno, Manuel Dorrego, Cornelio Saavedra, Juan Martín de Pueyrredón y Martín Güemes, entre muchos otros nombres de los primeros años de vida argentina– con el correr del tiempo se convertirá en el Colegio Nacional de Buenos Aires. La ocupación portuguesa, en 1801, de los territorios donde había nacido, obligó a su familia a emigrar, como a muchas otras, al lado oriental del río Uruguay, radicándose en Mandisoví, en nuestra provincia. Sin terminar sus estudios volvió junto a su familia para dedicarse a actividades comerciales.
En 1811, Areguatí fue nombrado por Manuel Belgrano como primer alcalde de la refundada Mandisoví (situada en el actual departamento Federación), creada como estancia en 1777 por Juan de San Martín, padre del general José de San Martín. Su paso por Buenos Aires lo había vinculado con las personalidades notables de la época y eso lo sirvió para que en 1814 Gervasio Antonio de Posadas, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, le concediera el grado de capitán de milicias. Estos vínculos provocaron la suspicacia de sus vecinos de Federación que lo veían como un operador del gobierno porteño en territorio de la liga artiguista.
En 1824, ya retirado, el gobierno accedió al pedido de Jorge Pacheco y por decreto del 2 de febrero fue nombrado comandante militar de la isla Soledad, cargo que mantuvo hasta agosto de ese año.
Indígena guaraní de la misma nación que Pablo Areguatí
Pablo Areguati había partido de Buenos Aires en enero de 1824 con aproximadamente veintiséis gauchos y desembarcó en Puerto Luis (hoy Soledad) a principios de febrero. La expedición no encontró las mejores condiciones para sobrevivir, según su propio testimonio. El 12 de febrero le envió una carta a Pacheco describiendo la “desesperada situación que estamos padeciendo ( …) estamos sin carne, sin galletas y si pólvora para cazar.” Se alimentaban de conejos silvestres asados y carecían de caballos apropiados para siquiera abandonar el campamento.  La expedición colapsó luego de tan solo unos meses y los recibos existentes que aún se conservan en archivos de Buenos Aires demuestran que Areguatí canceló la deuda de los gauchos a su servicio entre julio y agosto de 1824.Todos los miembros de la expedición retornaron a Buenos Aires para agosto de 1824.
Enrique Areguatí.  Cabo de la Guardia
Nacional - Uruguay, oriundo de de distrito Moscas
Uno de sus hermanos, Andrés Antonio, fue sargento en la expedición de los 33 Orientales, encabezada en 1825 por el general Juan Antonio Lavalleja para liberar la Provincia Oriental –que abarcaba lo que hoy es Uruguay y parte de Río Grande do Sul– entonces en poder de Brasil.

Hoy en la provincia el apellido Areguatí se conserva en varios descendientes de aquellos indios misioneros que se afincaron en la zona de Federación como testimonio vivo de un pasado de luchas y conflictos. Así en una lista de revista de la Guardia Nacional con asiento en Concepción del Uruguay, fechada en 1878, encontramos al cabo 2º Enrique Areguatí originario del distrito Moscas.
Un chamamé titulado “Gobernador Guaraní de Malvinas”, de Santiago Delgado, lo recuerda:

Un Sapukái atraviesa
Las naturales fronteras
Y se queda en Las Misiones
Donde empieza esta quimera.

Belgrano en plena campaña
Por el tapé guaraní,
Designa un nativo alcalde
Es don Pablo Areguatí.

El Triunvirato que nombra
Con los honores del caso
Gobernador de Malvinas
A Don Pablo Areguatí.
(Fragmento)

Fuentes:
http://www.fundacionmalvinas.org/contenido/leer/65/nace-la-argentina-independiente/
Bardini, Roberto, El indio que fue comandante militar en las Islas Malvinas, en http://www.rebanadasderealidad.com.ar/Notas_de_bardini.htm

Archivo General de Entre Ríos, Fondo Gobierno, XI Asuntos Militares
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