29/9/14

A dos décadas de la muerte de Abelardo Ramos

Una reescritura de un artículo con rememoraba los diez años de la muerte de Ramos, y que fue publicado por algunos medio de Entre Ríos.

Hace dos décadas, el 2 de octubre de 1994, moría Jorge Abelardo Ramos. Escritor, historiador y político, encabezó una singular corriente ideológica y política de alcances latinoamericanos. Junto a una generación de pensadores, políticos e historiadores, identificados bajo diversos rótulos, realizaron un notable esfuerzo para intentar reescribir la historia y la memoria de la sociedad argentina y latinoamericana, debiendo para ello crear categorías de análisis propias, con el objeto de escapar a la inercia de los postulados importados de la vieja Europa. Así podemos mencionar, dentro de esta generación a Raúl Scalabrini Ortiz, Juan José Hernández Arregui, Norberto Galasso, Alberto Methol Ferré, Arturo Jauretche, Rodolfo Puiggrós, Fermín Chávez, entre otros. El pensamiento de Ramos se enraizaba con los enunciados del olvidado Manuel Ugarte, un socialista heterodoxo de principios del siglo XX, que pregonaba la unión de los países de América Latina en la senda de Simón Bolívar. [1]
Hombre de acción, se caracterizó por no medir las consecuencias a la hora de manifestar su pensamiento. Como dijo en estos días el papa Francisco, no temía ir contra la corriente. Fundó partidos políticos, editoriales, revistas y brilló en cuanta tribuna le permitiera canalizar sus ideas, con un discurso incisivo, directo, matizado de giros literarios, no exento de un ácido humor.
Jorge Abelardo Ramos en 1979, en una
entrevista con Ricardo Rodríguez y Aníbal Gallay
Escritor prolífico y con notable técnica literaria que hizo decir al editor Arturo Peña Lillo, que si se hubiera dedicado a la literatura podría haberse emparentado con García Márquez o Alejo Carpentier. En 1949 dio a luz América Latina, un país, un intento de escribir la historia hispanoamericana desde el punto de vista de los propios protagonistas.[2] Consciente de que no hay nada que envejezca más que un libro de historia, posteriormente reescribió su obra, revisándola y publicándola en la década de 1960/70 bajo el título de Historia de la Nación Latinoamericana. Su obra se articula alrededor de la idea de que “América Latina es una nación no constituida. Como somos una nación fragmentada, estamos dominados por las potencias antinacionales y, en particular, por Estados Unidos” [3]
En la década de 1960-1970 publicó su otra obra clave: Revolución y contrarrevolución en la historia argentina, una serie de cinco volúmenes, donde sobresale el primer estudio histórico sistemático del peronismo. Originalmente el volumen correspondiente al periodo de los gobiernos de Juan Domingo Perón se denominó La era del bonapartismo, aludiendo a categorías de análisis marxista. Más tarde lo rebautizó como La era del peronismo, en un esfuerzo por elaborar una categoría original, atemperando las influencias del pensamiento marxista, para explicar ese movimiento que fue objeto de múltiples estudios a partir de su irrupción en 1945. “El bonapartismo en un país colonial se caracteriza por el poder personal que se ejerce por encima de las clases en pugna, haciendo el papel de árbitro entre ellas”, definía Ramos. [4]
Ramos también se atrevió a incursionar en el análisis literario desde una perspectiva socio - política, dando a luz Crisis y resurrección de la literatura argentina. Como siempre sus conclusiones despertaron la polémica y obligaron a repensar lo que se consideraba una síntesis definitiva. Algo similar a lo sucedido con Los profetas del odio de Arturo Jauretche. El análisis del Martín Fierro, de la obra de Borges y de Martínez Estrada es una invitación a nuevas lecturas, desde puntos de vista hasta ese momento no explorados. Decir que la obra de Hernández no es sólo la máxima obra poética nacional, sino un verdadero tratado de historia y política, fue un baldazo de agua fría que conmovió los cenáculos literarios y políticos.
Durante la década de 1960 y la primera mitad de la iniciada en 1970, lo tuvo como el historiador de consulta obligada por los jóvenes que despertaban a las preocupaciones sociales y políticas. La serie Revolución y contrarrevolución..., fue reeditada en varias oportunidades, en formato económico, que competía en ventas con las más afamadas novelas de la corriente del realismo mágico, como Cien años de soledad de García Márquez. Es ese periodo fundó el partido Frente de Izquierda Popular, con el cual logró consolidar el intento de elaborar una doctrina política de carácter nacional que se entroncaba con lo más elaborado de la doctrina de Perón, con el pensamiento de los marxistas americanos y del nacionalismo llamado popular, por oposición al nacionalismo conservador.
Con el FIP, en coincidencia con el operativo de retorno de Perón y con la ebullición de la juventud que se interesaba vivamente por la política, logró captar una importante franja de adherentes que pretendían apoyar al renaciente peronismo pero desde un punto de vista crítico. Difícil era insertarse en el campo nacional junto al peronismo pero sin las limitaciones del pensamiento de Perón en su carácter de “nacionalista popular burgués que se propuso desarrollar el capitalismo argentino” [5], que tal vez no estaba dispuesto a avanzar abiertamente hacia un modelo socialista autóctono. Difícil era insertarse en la ola de la juventud estudiantil de clase media que viraba hacia la izquierda, sin caer en la dinámica de la lucha armada elitista. Difícil encontrar la inserción planteando el socialismo nacional o “criollo” diferenciado de los postulados esquemáticos del marxismo ortodoxo del Partido Comunista o del entusiasmo de los grupos pro guevaristas que impulsaban la revolución armada si tener en cuenta la voluntad del pueblo. No obstante, por primera vez esta posición logró constituirse como partido y participar con identidad propia en procesos electorales. Inclusive sobrevivió a la oscura noche que se comenzó con la muerte de Perón y se consolidó con la dictadura militar 1976 - 1983. La reapertura constitucional encontró a la corriente de la izquierda nacional con la bandera intactas y con acontecimientos nuevos para analizar, como fue el pasado Proceso militar y la recuperación de las Malvinas y el consecuente enfrentamiento abierto contra el colonialismo inglés. Nuevos desafíos del cual el pensamiento de Ramos resultó original y airoso.


[1] Ravano, Gabriel Hernán, Jorge Abelardo Ramos (1921-1994) Notas sobre un escarpado viaje entre el marxismo y el nacionalismo, en Marxists Internet Archive, 2002
 [2] Cfr. Peña Lilo, Arturo, Memorias de papel, De. Galerna, Bs. As., 1988, p. 102.
[3] Pandolfi, Rodolfo, Entrevista a Jorge Abelardo Ramos, Revista Confirmado, 29 de febrero de 1972, en www.elhistoriador.com.ar            
 [4] Ramos, Jorge Abelardo, La lucha por un partido revolucionario, Ed. Pampa y cielo, Bs. As.  1964, p. 15.
[5] Pandolfi, R. Ibíd.

28/9/14

Pedro Aguer. Maestro, político y cooperativista

Entrevista por Ricardo César Bazán*

-Pedro, quisiera preguntarte sobre el cooperativismo desde tu juventud ¿Cómo comienza?
-Mi interés por el cooperativismo data desde que empecé a acompañar a mi padre, Gumersindo Aguer, quien fuera el maestro con quién me forjé como militante en los aconteceres de la política en general y del cooperativismo en particular.
Su vocación por la problemática social hizo que no pudiese mantenerme al margen, iniciando mi formación cuando participé en la creación del Centro Reformista de la Escuela Normal, ese fue mi primer compromiso, el que continué hasta la fecha.

Conocí el movimiento cooperativista de mi provincia escuchando a hombres que dejaron su impronta con el ejemplo: Bernardino Horne, David Merener, Luis de Casas, Guillermo Bender, Arturo Álvarez Daneri, con quienes mi padre sostenía una amistad compartida en la lucha, que se traduciría en una propuesta social agraria, para que el hombre fuese dueño de la tierra que trabajaba y se preparara para quedarse a vivir dignamente en el campo, en vez de prepararse para abandonarlo.
Era una lucha que se daba sin cuartel contra la intermediación despiadada de la especulación.
En sus reuniones aprendí las bondades del cooperativismo como herramienta para encauzar la producción, la educación y el consumo solidario democráticamente.
-¿Qué mas recuerdas de tu familia en relación con el cooperativismo?
-Yo tengo el antecedente de un abuelo mío, de mi abuelo paterno Don  Pedro Aguer que fue participante de la Cooperativa de Ferroviarios (Coop 1° de Mayo fundada en 1917), después mi padre trabajó como docente en la Escuela Alberdi y estuvo siempre vinculado a la actividad rural porque él se recibió de profesor trabajando como lechero y docente, y entonces estuvo vinculado a ese tipo de actividades, porque el comprendía la necesidad que la gente tenía de asociarse para poder seguir trabajando en la pequeña empresa familiar, sobre todo en las empresas rurales familiares, así fue como también vio que era necesario que se asociaran los avicultores que eran los que cultivaban las razas de gallinas de las cuales derivaron todas estas otras que hoy se consideran como parrilleras o se conocen con el nombre de parrilleros o alta postura, pero en realidad en ese entonces acá en la ciudad de Paraná se cultivaban las distintas razas, eran como 20 o 30 razas de distintas gallinas, y entonces formó una cooperativa para realizar exposiciones y para que la gente tuviera la oportunidad de… comunicándose, mejorar la genética, por eso fue que se constituyó esta cooperativa de la que mi padre formó parte.
-Durante tu función pública ¿podrías nombrar alguna cooperativa emblemática?
-Evito nombrar algunas porque si me estuvieran escuchando los cooperativistas dirían ¿Cómo se acuerda de ella y no se acuerda de la mía?, porque el problema del cooperativismo no es si hay mejores o peores cooperativas, sino si hay cooperativistas, verdaderamente cooperativistas en las cooperativas, entonces yo lo que sí inclusive siempre mencioné como cooperativa emblemática ya que vos empleaste esa palabra yo te la tomo, fue la Cooperativa de Pescadores de Victoria que fue todo un ejemplo de lucha, que fue todo un ejemplo de progreso y que fue en consecuencia un ejemplo cooperativista.
-Cuando yo era estudiante leí un escrito tuyo en donde contestabas a una afirmación de una persona que decía que el cooperativismo era un parche del sistema capitalista, ¿Qué pensás hoy?
-Lo que pensaba entonces, el cooperativismo es una entidad institucional, social y espiritual que no tiene nada que ver con el extremo de la derecha que dice que en aras de la libertad hay que restringir los derechos o de la extrema izquierda que dice que para que los derechos se logren es necesario restringir la libertad, estos son los dos planteos de la desesperación, por un lado mantener las injusticias que perjudican a los pobres y por el otro lado de utilizar a los pobres para llegar a las alturas de la burocracia y del poder. En cambio en la cooperativa con la participación democrática de sus asociados y en forma igualitaria, un socio es igual a un voto y a esto lo repito muchas veces, porque ni siquiera el presidente en una cooperativa puede desempatar en el caso que haya dos posturas con igualdad de votos. Tiene que seguirse discutiendo hasta que se llegue a la luz buscada, entonces esto es lo importante del cooperativismo, por eso si bien tiene una raíz socialista, que hay que reconocerla y decirla con toda tranquilidad, porque por lo general han sido los partidos socialistas los que promovieron el sindicalismo, los que promovieron las organizaciones solidarias y entre ellas el cooperativismo, lo que pasa es que a la derecha le conviene para asustar a la gente decir que el cooperativismo es comunista, pero no se trata de una cosa ni de la otra, el cooperativismo es la igualdad, es la equidad y es la libertad en democracia.


*Téc. Sup. en Cooperativismo

21/9/14

La Dragona Montenegro

Por Rubén Bourlot
Publicado originalmente en la revista Orillas

Las mujeres en la historia de Entre Ríos aun no tienen la visibilidad que se merecen, en parte por los mismos motivos que en todas partes el papel de la mujer estuvo y aún está relegado al ámbito privado, alejado de los espacios de decisión. Pero si por motivos fortuitos emerge una figura protagónica, el tiempo y el desinterés de los historiadores va borrando sus huellas. Poco es lo que se sabe de personalidades como Tadea Jordán la madre de los caudillos Ramírez y López Jordán, a pesar que no fue solamente una mujer ama de casa. De la famosa Delfina, si bien no era entrerriana fue protagonista de sucesos provincianos, casi nada se conoce. Otro caso es el de Juana Montenegro, la Dragona, que estuvo en los entreveros cuando los porteños pretendían meter una cuña en estas tierras cobijadas bajo el protectorado artiguista. Es 1814 cuando el Directorio crea la provincia y manda gobernadores intendentes a mandar, rechazados por los entrerrianos. Y la Dragona encuentra una fama fugaz combatiendo del lado de los porteños. Una jugosa crónica, que Elvira Reusmann de Battolla vuelca en un libro de 1910, retrata sus andanzas en la batalla de Paso de Belén, en la zona de Concordia.

La autora relata que "al rayar el día de una mañana, triste y lluviosa del mes de setiembre de 1814, hallóse campado a inmediaciones del Paso de Belén el Coronel José María Lorenzo con ciento veinte dragones, una pieza de a cuatro y treinta milicianos de Gualeguaychú a las órdenes del Comandante Samaniego”.
Con los naturales prejuicios de la época hacia los caudillos la autora continúa la narración: “la columna expedicionaria se había puesto en marcha la víspera al entrar el sol y llevaba orden del Coronel José Blas Pico, Gobernador Intendente de Entre Ríos, de batir en ese paraje a los artiguistas que al mando de José Miguel Chiribao infestaban con cuadrillas y partidas de bandoleros parte del territorio fronterizo a Corrientes, interceptando las comunicaciones de ambas provincias.
“Tras la compañía de dragones iba una mujer, mestiza de color, alta, con el vestido arremangado hasta las rodillas... Esa mujer se llamaba Juana Montenegro y era la esposa de un dragón. No compartía de las fatigas de su marido, en clase de soldado, pero, de varonil carácter, gustaba de acompañarlo en todas sus expediciones y haciendo ostentación de un corvo sable ceñido sobre la pollera.
Al verla seguir la expedición, algunas compañeras pifionas (sic) y soldados traviesos, solían decirle:
— ¿A qué viene? ¡Qué feo va á disparar!  La víctima será el marido, que por defendería se hará matar.
A lo que ella, sin ofenderse, contestaba de vez en cuando:
— ¿A qué vengo?  Ya verán. . . ya verán a lo que vengo.
Con las primeras claridades el Comandante Samaniego avanzó con sus milicianos hacia el lugar donde creía encontrar al enemigo: un monte espeso. No vio nada. Entonces para llamar la atención y conocer su paradero, mandó hacer unos disparos. Los artiguistas, que estaban cerca en número de nías de doscientos armados de lanza, sable y fusil, cayeron sobre él, trabándose el combate con todas las fuerzas de Lorenzo.
En lo más recio de la pelea se descolgó un fuerte aguacero que inutilizó las armas de fuego quedando en virtud de ello con superioridad los anarquistas, por su número. Fue entonces que el Comandante Lorenzo dio la voz de mando a su tropa:
— ¡Carabina á la espalda, sable en mano y a la carga!
Y se lanzó con brioso empuje sobre el enemigo. Juana Montenegro desnudó también su sable, y al lado de su esposo se entreveró con los combatientes, ágil, entusiasta y valiente como el dragón más renombrado del regimiento. Derrotados y deshechos los artiguistas, ella siguió encarnizada la persecución á través del monte, donde quedaron girones de su pollera, volviendo al terreno de la acción de los últimos, con un fusil arrancado personalmente á un enemigo y que entregó orgullosa á su jefe como trofeo de guerra y enseña de su valor.
— ¡Para esto he venido! —dijo enseguida con altanería a los soldados que la aplaudían y vitoreaban.”
La actuación de la brava dragona no queda en el anonimato porque su jefe, el coronel Lorenzo le trasmite al intruso gobernador sus hazañas y éste lo eleva al  Supremo Director del Estado, Gervasio Antonio de Posadas que suscribe un decreto reconociéndole su condición "mandando que dicha Juana Montenegro pase revista en el expresado Regimiento de dragones desde el día del ataque y que se le abone por toda la vida el haber de soldado, dándosele especialmente las gracias por su valor heroico".
De ahí en más la Dragona pasa a formar parte ese ejército de mujeres perdida entre las brumas del anonimato.


Fuente: Elvira Reusmann de Battolla, Páginas inmortales: el libro de oro de la mujer americana: episodios, anécdotas, acciones históricas (1910), citado por P. Grenón S. J. compilador, Documentos históricos, T. 21, Secc. Patriótica N° 4, Patriotas cordobesas, Archivo de Gobierno, Córdoba, 1931.

16/9/14

Entrevista a María de las Mercedes Baucis

Tataranieta de Felipe Baucis, fundador de la primera cooperativa argentina

Por Ricardo Cesar Bazán*

María Baucis nació en Entre Ríos, en la ciudad de Colon, vivió en Rosario del Tala, Nogoyá y Paraná  y en la actualidad reside en Rosario. Hace varios años que se ha dedicado a investigar y recopilar la historia de  sus antepasados. Uno de estos datos es de vital importancia desde el punto histórico y está relacionado con la primera cooperativa Argentina de la cual su tatarabuelo fue su primer tesorero. Nos referimos a la Panadería del Pueblo fundada durante la Confederación Argentina, siendo el general Justo José de Urquiza uno de los principales promotores de esta empresa asociativa.
 

- ¿María, cómo es la historia de los Baucis?

Los Baucis eran gente muy culta en España y fueron totalmente liberales, entonces cuando yo empecé a estudiar la historia de la familia encontré que no era tan sencillo el liberalismo, la monarquía, los cambios en España. Uno cree que fue en menos etapas, en cambio hubo muchos cambios de gobierno de tendencias, caía uno volvía el otro, y por ejemplo la inquisición que uno pensaba que había terminado pero durante años y años siguió existiendo y volvía. Y justamente los Baucis tuvieron que escapar porque había caído el movimiento revolucionario, Napoleón había ayudado a que volviera el gobierno de España, volvía la inquisición con todos sus hierros y todas sus cosas y los Baucis eran activistas liberales, entonces - según me contaron cuando estuve en España - gente de la familia de allá  pasaron 2 o 3 días encerrados en el cementerio, en un panteón, porque pensaron que ahí no los iban a buscar y efectivamente  no los buscaron y cuando el barco estaba en el puerto salieron de noche y vinieron para acá.

- Usted cita a un viajero de Inglaterra que dice que Felipe Baucis y el Gral. Urquiza estaban organizando una panadería social según un modelo ingles.(1)

Según supe, Urquiza propicia a través de sus amigos, cosa que me interesó mucho, la creación de colonias, cooperadoras y cooperativas. Prueba de ello es la inminente puesta a trabajar, esperan que antes de fines del presente 1857, de una Panadería en Paraná, siguiendo las ideas inglesas expresadas en 1844 en Rochdale. Baucis es el más entusiasmado, y con otros amigos de aquella pequeña ciudad, y el apoyo moral de Urquiza, han logrado este hecho.
Si es cierto todos sabemos que Urquiza era terriblemente moderno pero además terriblemente curioso y aunque nunca salió de Argentina (mucha gente cree que el vivió, incluso una de las culpas que le echan de que era europeo y que le gustaba la vida en Europa, y el jamás salió de Argentina) pero mantenía un contacto epistolar y cuando algo le interesaba directamente le pagaba el viaje y lo traía. Aparte cerca del Palacio San José estaba el puerto del saladero y allí llegaban periódicamente cantidades de barcos que uno cuando lee no se anima a repetirlos porque eran más de 150 barcos anuales que venían de Inglaterra y cada uno de esos barcos traía todas las noticias, los periódicos. Otra cosa que la gente no sabe que en la época de la colonia el inglés era un idioma común, nosotros pensábamos que se hablaba solamente el español, y si uno se pone a  leer la historia colonial el inglés se hablaba tanto como el español. Había periódicos, había Club, había todo en inglés y algo de eso llego acá y también se hablaba mucho el francés, o sea que la información que se podía recibir era en tres idiomas, no solamente ceñido a uno, y además agreguemos el cuarto que es el catalán.

- Y a través de estos familiares que quedan en España reciben la noticia que en Inglaterra se había hecho una cooperativa y traen la idea aquí a Argentina.

Si, fue a través de ellos pero también de los barcos que traían de Inglaterra, venían con los periódicos y con esas cosas. Desgraciadamente mucho se perdió porque la familia no es grande, pero no se le da importancia a las cosas y el que tenía mucho material. Un  ejemplo es que uno de los Etcheves Baucis cuando murió sin familia y sin nada, y los sobrinos que levantaron la casa me dijeron que no habían encontrado nada, yo sabía el material que el tenía o que había visto, incluso yo tengo cosas de los Baucis en España de 1700, 1800 que me las dio él, pero el guardo mucho y se ve que ellos pensaron que eran papeles viejos y los tiraron.

- Felipe Baucis fue el primer tesorero de la cooperativa Panadería del Pueblo, ¿qué otras cosas hizo Felipe Baucis en Paraná?

Felipe Baucis trabajó…, la sociedad era muy pequeña, así que eran siempre los mismos. Gregorio de la Fuente y él hicieron la Sociedad Española, hicieron el Club Socialista, estuvieron en todo y después el que siguió con todas esas cosas fue el hijo de él, pero…Felipe Baucis que era español en un momento se les prohibió trabajar , porque con la Revolución de Mayo se prohibió que todos los españoles trabajaran en el gobierno no podían ocupar puestos, después se encontraron con que los criollos no estaban preparados y hubo que retroceder y esta gente que venía con tan buena formación se dedicó a los números y entonces Urquiza lo tuvo…hasta tal punto que tenía confianza que le dio poder de administración total sin obligación de rendir cuenta. Eso está en los libros de historia, no es que yo lo tenga. Por ejemplo, cuando compró la casa para hacer la Casa de Gobierno, cuando compró para hacer la casa de Urquiza presenta los poderes, una cosa que hoy no se concibe sin obligación de rendir cuenta y siempre se dedicó a la parte contable. Entre los cargos que ocupó él, fue vista general de aduanas cuando la Confederación y hay una nota oficial de Urquiza mandándole la orden de ahorcar en la plaza pública, frente a la Catedral, a todo el que entrara un hilo de contrabando, dice.  Y con ese decreto parece que se acabó porque nunca ahorcaron a nadie, pero lo que me refiero a que tuvo muchísimas actividades y hay que ver en la época que él estuvo y que él vivió en el Palacio San José. También era la época que acá  estaban las embajadas instaladas en Paraná, que la vida social y política era enorme, que todo el movimiento con los países extranjeros se manejaba desde acá y él era uno de los hombres de mucha confianza. Hay un cuadro o estaba por lo menos hasta que yo supe en la gobernación, en el salón principal cuando cruza Urquiza a Uruguay una de sus campañas y el pintor describe, y Pérez Colman lo toma,  de que está rodeado por sus amigos viendo amanecer y el que está a la derecha es Felipe Baucis (2).

- Y después hay un Baucis, Jaime que está en la Intendencia de Paraná y también funda una Panadería.

Si también funda, yo le decía Ricardo  que es notable porque lo que empezó uno con los amigos haciendo una panadería que le pusieron el nombre “Del Pueblo” justamente porque era la idea, la idea socialista, supongo que salía de ahí para que la gente tuviera, era una población muy pequeña. Después cuando el hijo fue intendente fundó la Panadería del Pueblo a cargo de la misma intendencia y los panes salían con el sello de la intendencia también siempre defendiendo el bolsillo de la gente. 
  
(1)Diario de Viajes 1856-1858, de Henry Jonston.(Cita transcripta por María Baucis)
(2) Se refiere al cuadro de Caraffa que representa el cruce del río Paraná, en Punta Gorda departamento Diamante, por parte del Ejército Grande comandado por Urquiza en 1851


*Tec. Sup. en Cooperativismo

11/9/14

Mujer y maestra

Por Rubén Bourlot
Publicado originalmente en la revista Orillas

Maestra mujer. Maestra sacerdocio. Maestra madre postiza. El mandato social del siglo XIX dispuso, salvo excepciones, que la enseñanza debiera estar a cargo de la mujer. Así como la mujer era quien, puertas adentro, se ocupaba de la crianza de los hijos, de las tareas domésticas, también tenía el deber de hacerse cargo de la instrucción de los niños. Por eso el mandato decía que la maestra debía se soltera, sin hijos propios, para que se hiciera cargo en plenitud de su sacerdocio. Hasta hubo contratos de maestras, del Consejo Nacional de Educación, que hacia 1923 disponían como requisito “no casarse” y advertían que “este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si la maestra se casa”. En otra cláusula se imponía “no andar en compañía de hombres”.
La maestra Sarita fue personal único de la escuela Nº 17, una escuela de campo en el departamento Uruguay. Por casi dos décadas estuvo al frente del aula, el turno tarde con los más chiquitos, el de la mañana con los “chicos grandes” como les decía. Aún en las décadas del 60 y 70 cumplía con el mandato de dedicarse a esos hijos postizos, sin tiempo para enamorarse y formar su propia familia.
 La maestra Sarita
Niños y niñas descubrían asombrados lo que significaban esas letras alineadas en las hojas de los libros de lectura como Albricias, Tea, Los Teritos, Sol. Domaban los dedos para aprender los trazos de las palabras y los números. Hallaban nuevos mundos y constelaciones en los bosquejos borroneados con tiza sobre el pizarrón.


La maestra Sarita dividía el pizarrón con trazos firmes, para los de segundo, los de tercero, los de quinto, porque el cuarto estaba desierto, y así.  En cada franja escribía las actividades para cada grupo, mientras le dedicaba su tiempo personal a los del primer grado.
Eran tiempos de exilios. Perón en España desde 1955 y River sin ganar una copa desde 1957. Sarita no era peronista, pero era de River y solía recibir las cargadas de sus alumnos después de cada contraste del club favorito. No le interesaba mucho el fútbol pero los domingos, cuando todos estaban prendidos de los relatos de un clásico Boca – River, Sarita sintonizaba su Spica para espiar el resultado del partido. Así el lunes no la encontraba desprevenida.
Con los calores del verano, las heladas del invierno, entre los muros de la escuela sin calefacción ni ventilador, sin electricidad, solo iluminados por los generosos rayos del sol que se filtraban a través de los ventanales, la maestra Sarita siempre estaba. Y a veces cuando la lluvia se ensañaba a la hora de la vuelta al hogar, un puñado de alumnos que esperaba hasta que escampe, era agasajado con un arroz hervido que sabía a manjar.
La maestra Sarita preparaba los actos escolares como si fuera a dar una función en el teatro Colón: el canto desprolijo del Himno Nacional y Aurora, las dramatizaciones, de esas que publicaba la revista La Obra o el Anteojito, con morenas vendedoras de mazamorra pintarrajeadas a corcho quemado, o los tradicionales bailes grupales como gatos, chacareras y el Pericón acompañados por la música de un grabador Geloso, o por su propia guitarra que empuñaba con discreta habilidad.
     Alumnos y maestras frente a la escuela N° 17 hacia 1906
Y en los recreos largos, porque los había cada tanto, eran para un compartir un picadito de fútbol  en la canchita improvisada sobre un terreno ganado al chilcal, o para cultivar la huerta y mantener a raya las malezas.
De nuevo en el aula única, los más grandes descifraban los contenidos compendiados en el gordo Manual Kapelutz o el más provinciano Fogón. Los más chicos, ya aprendidos los primeros deletreos, pasaban al frente leer, con el libro sostenido con una sola mano y levantando la vista en cada punto, el texto previamente repasado una y otra vez.
Cada fin de año, en una sencilla ceremonia, se homenajeaba a los que egresaban (cuando había egresados), después el baile a beneficio organizado por la cooperadora con orquesta en vivo. Y Sarita partía al merecido descanso, tal vez a su natal en Concordia. O a Buenos Aires donde tenía un departamento, su única propiedad.
Y un día la maestra Sarita se jubiló (“¿Era premio o era castigo?”, como dice el poema de Landriscina). Un puñadito de alumnos de guardapolvos blanco la saludó con emoción. Ella se fue perdiendo por un caminito polvoriento. El puñadito de alumnos, unos caminado y otros en bicicleta o a caballo, se fueron alejando mientras ocultaban alguna lágrima. La escuela quedó sola. Después vino una maestra suplente. Al poco tiempo también jubilaron a la escuela. Ya era un edificio vacío. Tal vez de tristeza.

Fuentes:
Contrato de Maestras, 1923, en Revista del Consejo Nacional de la Mujer, Año 4, Nº 12, marzo de 1999.
"Maestra De Campo" de Luis Landriscina.

8/9/14

El Chumbiao, un montonero de historieta

Por Rubén Bourlot
Publicado originalmente en la revista Orillas

En la segunda mitad del siglo XIX un singular personaje atraviesa las lomadas entrerrianas montado en su potro agitando el grito de ¡viva López Jordán! Son los últimos escarceos de la guerra montonera contra la prepotencia porteña. Lanzas y trabucos se enfrentan heroicos contra las armas mortíferas de repetición y el auxilio del telégrafo.
Fotografía de El Chumbiao por la casa
Franco – inglesa de Gualeguay
Tras la muerte del general Justo José de Urquiza, el 11 de abril de 1870, la Legislatura de la provincia nombra para sustituirlo como gobernador a Ricardo López Jordán. El gobierno nacional, encabezado por Domingo Faustino Sarmiento, ofuscado ante esta medida, responde con la intervención armada. López Jordán se prepara para resistir en defensa de la autonomía provincial y en la zona de Paraná lo apoya con sus paisanos montoneros El Chumbiao, apodo que llevaba el capitán Gerónimo Romero, oriundo de Gualeguay.
Una canción popular retrata la situación:
“Qué importe que ellos traigan/ el prusiano Remington,/ si nosotros con la lanza/ iremos hasta el cañón”… “A las armas, compañeros/ nos llama otra vez Jordán./ No más comer ese pan/ amargo del extranjero”.
El historiador Fermín Chávez es quien rescata esta figura legendaria, como el Calandria protagonista de la obra teatral de Martiniano Leguizamón. Chávez relata un suceso que lo pinta de cuerpo entero. “El 20 de mayo de 1870 a la cinco de la madrugada, el conocido gaucho El Chumbaio (Gerónimo Romero) y 300 hombres dan un golpe de audacia en Paraná, despertando a los gritos a la infantería nacional dormida en la plaza, y retirándose sin tomarla”. Más allá de la importancia de la acción, el hecho demostraba a las tropas nacionales que la intervención no sería un paseo militar. Chávez documenta este episodio con una carta que el ex cónsul del Brasil en Paraná le escribe al entonces ministro de Guerra y Marina argentino, Juan A. Gelly y Obes. En esa misiva le expresa que “hoy a las cinco a seis de la mañana hemos pasado un mal rato; más vergüenza que por el peligro – 300 a 400 gauchos se ha entrado a esta plaza principal donde había como 400 infantes durmiendo al extremo que los centinelas los sintieron cuando se los llevaban por delante pero a los primeros tiros huyeron. Esto ha sido debido a la completa nulidad de las autoridades militares, pues la tropa ni las armas tenía cargadas, en fin una vergüenza…”
Dibujo de El Chumbiao por Juan Arancio
Pero también tenemos la versión del propia Chumbiao que el 20 de mayo le escribe un informe a López Jordán sobre su actuación:
“(…) En cumplimiento de la orden recibida de S. E., me marché para el pueblo de Paraná con 200 hombres, y a las 5 y media de la mañana estuve en la plaza principal dando vivas en la puerta de la Jefatura de Policía a nombre de nuestra Patria y de V. E.; y habiendo contestado el Oficial de Guardia, gritando vivas y tocando dianas, sentí unos tiros y descargas que la hacía el señor Ermeregildo Albariño, que pasaba dando vivas en la esquina de la plaza (casa del General Urquiza) una guardia que allí había, después de haber contestado las vivas.
“Luego después les hicieron fuego a las demás partidas que había por distintos puntos y no pareciéndome propia la pelea dentro del pueblo para no ofender a la población ordené la retirada a los oficiales que encabezaban dichas comisiones a las orilla del pueblo donde yo me retiré, parando a ver si salían los traidores enemigos para combatirlos. (…)”
Después de esperar a los porteños unas horas, se convencieron que no iban a salir a combatir a campo abierto y resolvieron retirarse.
El Chumbiao acompañó a López Jordán durante toda su primera campaña de resistencia a la intervención federal. En junio del mismo año las montoneras de El Chumbiao toman Nogoyá. La última actuación del capitán Romero se registra en la batalla de Ñaembé, Corrientes, ocurrida el 26 de enero de 1871, donde los jordanitas derrotados ponen fin a la rebelión.

De historieta

Tira publicada en el diario Clarín
Después del último entrevero la historia de este soldado matrero se pierde y comienza la leyenda. Y en esta leyenda se inspira nuestro historiador Fermín Chávez para reconstruir su vida legendaria en formato de historieta, plasmada en el dibujo por el santafesino Juan Arancio, conocido por generaciones de lectores de las revistas de la editorial Columba (El Tony, Dartagnan, Fantasía, entre otras). La historieta se publicó como tira diaria en el diario Clarín entre 1967 y 1971. El primer episodio cuenta que “en la Mesopotamia, a comienzos de 1871 un gaucho vencido en batalla y en desbando… huye hacia el sur tratando de salvar el pellejo. Se llama Gerónimo Romero, mas le dicen el Chumbiao”.

Fuentes:

Clarín Revista, Buenos Aires, 15 de enero de 1867
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