26/9/15

El colectivo. ¿Invento argentino?

Por Rubén Bourlot

En una oportunidad el Museo Histórico de Entre Ríos Martiniano Leguizamón, presentó uno muestra en conmemoración al Día del Colectivo coincidiendo con la puesta en funcionamiento de la primera línea de colectivos urbanos en Paraná en 1924. Este hecho da por tierra con la leyenda muy difundida de que el colectivo es un invento porteño de 1928. “Paraná es pionero del colectivo (…)” sostiene el comunicado que informa sobre la muestra.
Tal vez para alimentar la autoestima o el ego del habitante del puerto se afirma, sin mayor rigor, que en 1928, ante la falta de pasajeros un grupo de taxistas de Buenos Aires que se reunían habitualmente en un cafetín del barrio de Floresta se les ocurrió poner en práctica el "taxi colectivo". Fue el 24 de septiembre que en la misma esquina donde se juntaban, comenzaron a ofrecer a los gritos un viaje hasta Caballito por 20 centavos (la quinta parte de lo que hubiera costado en taxi), o a Flores por sólo 10. Y así nace la leyenda del “colectivo, invento argentino”.

En Paraná
Para bajar el tono del autobombo porteño, varios años antes en Paraná una ordenanza fechada el 12 de junio de 1924 concedió a Eduardo Aliprandi autorización por el término de 20 años para instalar y explotar un servicio de ómnibus en la ciudad. Meses después todo estaba en orden para iniciar el nuevo servicio, como lo informa el diario La Mañana del 4 octubre. “Hoy, a las 16 horas, será inaugurado el servicio de ómnibus con la línea establecida entre Plaza 1° de Mayo y Puerto Nuevo (…)“  El servicio contaba con tres unidades con capacidad para 14 personas y con un costo de 10 centavos el pasaje.
 Diario La Mañana, licitación en Paraná, 4-10-24
Paraná desde hacía años contaba con servicios similares de trasporte público como el tranvía (o tranway) tirado por caballos desde 1873 y eléctrico desde 1921.

Un invento no tan argentino

Pero tampoco vamos a concederle a Paraná el privilegio de ser la pionera de este servicio. El trasporte colectivo terrestre de tipo urbano, sin vías, tiene una historia muy anterior en el mundo. Ya en 1823, en Nantes, Francia comienza a funcionar un servicio urbano de carruajes tirados por caballos que toman el nombre de “ómnibus”, por el nombre de una tienda de sombreros donde tenían la parada los mismos. Más tarde el inventor de automóviles Karl Benz desarrolla en 1895 un autobús con motor a combustión. Luego en Francia el 11 de junio de 1906 se libra al servicio la primera línea de autobuses. 
Diario La Acción, nuevas unidades 
en C. del Uruguay, 6-12-12
También en Estados Unidos hacia 1914 un grupo de desocupados se lanza a cubrir un servicio con tarifa y recorridos fijos, a la largo de algunas líneas de la Pacific Electric. A estos rodados (eran un auto común adaptado) se los bautizó jitneys, cuya traducción sería para nosotros como decir “chirola” (moneda de poco valor). Pronto tuvieron que desactivar el servicio por denuncias de competencia desleal hacia las compañías de tranvías.
 

Antes en Concepción del Uruguay

Y para abundar en testimonios sobre el funcionamiento de autobuses, omnibuses o colectivos no nos vayamos muy lejos. Una breve noticia aparecida en el diario La Acción de Paraná, el 6 de diciembre de 1913, de su corresponsalía en Concepción del Uruguay, da cuenta que “la empresa de autobús, en vista de éxito obtenido, traerá dos más, con lo que podrá realizar un servicio más completo”. Sin dudas una prueba contundente que este servicio era mucho más difundido de lo que dejan entrever las informaciones que circulan en diversos medios, originadas en los mentideros de la capital del país, donde dicen que Dios atiende. Y pensar que recién en 1928 se avivaron los porteños.
Colectivo de Concepción del Uruguay, Caras y Caretas, 1918
Agreguemos otra evidencia categórica. En la nunca suficientemente bien ponderada revista Caras y Caretas, de 1918, aparece publicada una crónica de viajes de un tal Dr. A. Vaccari que inserta una fotografía de “autobús empleados en Concepción del Uruguay, para paseos en la alrededores”, según el pie de la misma.
Estos son solo algunos testimonios tomados más o menos al azar; seguramente habrá numerosas experiencias en otros lugares del país, inclusive en nuestra provincia. De lo que no hay dudas es que el colectivo no es un invento porteño. Recordemos que la historia es dinámica, y lo que hoy parece una verdad revelada mañana tal vez sea solo una leyenda.

Fuentes:
Diarios La Acción y La Mañana, de Paraná

Caras y caretas (Buenos Aires), N° 1.050, 16-11-1918

2 comentarios:

Sofía de Lourdes Fernández dijo...

Buenísimo que vayas develando estas historias del interior. Gracias Rubén por tu trabajo

Rubén Bourlot dijo...

Y es necesario ir construyendo la historia desde el "interior" como gustan decir los porteños, para que el relato no sea el impuesto desde Buenos Aires.

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