20/12/15

Los orígenes de la Cooperativa Tambera Paraná (Cotapa)

Por Ricardo Cesar Bazan (T.S.Coop-Investigador)

Cuenta el libro “Historia elemental de Entre Ríos” aspectos de la actividad lechera en la provincia durante el gobierno del Dr. Carlos Contín (1963-1966) destaca que “La producción lechera recibió el apoyo oficial. Se promovió el consumo de leche pasteurizada para garantizar la salud de la población” y continua diciendo “Los productores agrupados en cooperativas tamberas garantizaban la provisión del producto”.
“(...) El tambo tuvo un progreso importante a partir de la constitución de cooperativas tamberas como Cotagú de Gualeguaychú en 1961 y COTAPA de Paraná en 1965”.
La historiadora Ofelia Sors en su obra “Paraná después del túnel subfluvial” cita que “considerando a la lechería como una nueva industria y atendiendo a la importancia de su explotación, el gobierno de Entre Ríos promulgó en 1968 la Ley N° 4685 de promoción de la lechería creando así las condiciones legales para favorecer el desarrollo de la producción tambera y posterior industrialización de la leche”.
“De esta manera surgió la planta industrializadora de Paraná (CO.TA.PA. Cooperativa Tambera Paraná)”.
Elaboración de leche en polvo en la planta de Cotapa
Agrega Ofelia Sors que “la planta central de CO.TA.PA. está levantada sobre un terreno cedido por la Municipalidad de Paraná en 1964. La ordenanza de entonces establecía a cambio del predio las exigencias siguientes: CO.TA.PA. debía comercializar la leche higienizada y enfriada en tachos de 50 litros y antes de los cinco años enviarla al mercado pasteurizada y envasada. Tales requisitos fueron cumplidos en solamente tres años, continuando el crecimiento de la empresa tras sucesivas etapas”.
Pedro Aguer, en una entrevista realizada por el periodista Daniel Tirso Fiorotto, cuenta los antecedentes del cooperativismo tambero y recuerda las reuniones que realizaban en la casa de su padre, Gumersindo Aguer, en Paraná o en la casa que tenía en La Picada Bernardino Horne. Cita que “se hacían reuniones con la iniciativa de tamberos tradicionales como Fontana, los Barón, Roskop, Argelino, Toloy, y de cooperativistas como el ingeniero Dorfman, y don David Merener, con el apoyo de las escuelas Alberdi, Las Delicias, Colegio Adventista del Plata, hace más de 40 años “.
Sobre CO.TA.PA. destaca que “el objetivo se logró, se creó la cooperativa, se cambió el reparto domiciliario con tracción a sangre, la leche empezó a ser leche pasteurizada para Paraná, el excedente se industrializó, el tambero ya no tuvo que tirar la leche que le sobraba en las épocas de mucha producción”(...)

“El tambero cambió el ordeñe a mano por la mecánica, se pasó del corral en medio del barro al tinglado, mejoró la higiene en todo sentido, se trabajó la genética de los planteles, se incorporó la reproducción artificial, se dejó de ordeñar con ternero al pié, se trabajó la pradera con pasturas específicas para la producción, se crió el ternero en guacheras, se realizó la cría y terminación de las vaquillas, las futuras vacas lecheras, en forma cooperativa”. 

6/12/15

De Basavilbaso a las estrellas

Por Rubén Bourlot

“Sin embargo aún pasará mucho tiempo antes que la gente se dé cuenta de la  utilidad de darse unos baños de multitud y de callejeo…”, leía con voz firme en el mediodía de radio Splendid de Buenos Aires este párrafo de un aguafuerte de Roberto Arlt. Promediaba la década del 1970 y la conductora radial no sabía que esas podían ser sus últimas palabras frente a un micrófono.
Casa donde vivió Blackie
Nació como Paloma Efron pero fue conocida como Blackie. Vino a este mundo en 1912, en una colonia llamada Rosh Piná, que estaba entre las localidades de Las Moscas y Villa Dominguez, una de las tantas que sembró a fines del siglo XIX la Jewish Colonization Association en Entre Ríos. Luego su familia se trasladó a la colonia Novibuco I (cerca de Basavilbaso). Sus primeros años transcurrieron en una humilde vivienda, casi un rancho, en medio del campo. Hija de un maestro y de una madre bibliotecaria. Cuando contaba con cinco años, la familia se trasladó a Buenos Aires y ahí ya empezó a soñar con pintar el mundo y llegar a las estrellas. A los 17 esa Paloma empezó a desplegar sus alas. Las primeras experiencias en el mundo del arte y la comunicación las hizo con la música: el jazz, el negro espiritual, el góspel y todas las expresiones de los negros esclavizados de los Estados Unidos. A partir de ahí fue Blackie. Y cantó la música de esos negros que luchaban por su libertad e identidad.
Fue pionera en todos los géneros que cultivó. Todo lo que tocó lo transformó con su creatividad. Alguien la calificó como “la imaginación al poder.” En 1934 se presentó y ganó un concurso organizado por Jabón Federal en Radio Stentor. La premiaron por su interpretación de “Stormy Weather” (gran éxito de su admirada Ethel Waters) y poco después pasó a integrar la orquesta Los dados negros. Fue la primera mujer en interpretar profesionalmente la música negra. En 1937 partió al país del norte para empaparse con el fenómeno, en donde traba relación con algunos de los personajes más importantes del jazz (Louis Armstrong, Duke Ellington, Count Basie y Ella Fitzgerald, entre otros) y del cine. En la Universidad de Columbia estudia antropología y música primitiva.
Blackie junto a Atahualpa Yupanqui
De vuelta a Buenos Aires se incorpora a la actividad teatral, al cine y a los negocios del espectáculo. Entre sus logros como representante de artistas se cuenta la venta en Hollywood del guión de la película “Los martes orquídeas”, escrito por su entonces esposo y que hizo famosa a Mirtha Legrand. También estudió piano, solfeo y música con Carlos Vega, el musicólogo argentino. No era una improvisada.
Siempre había un objetivo más en su vida para alcanzar. Se casó con el periodista y guionista Carlos Olivari con quien convivió durante una década. De pronto se encontró desempeñándose como periodista gráfica en la entonces prestigiosa revista El Hogar. Llegó a dominar cinco idiomas, lo que le facilitó su labor de notable entrevistadora.
Con la aparición de la televisión, se metió de lleno a inventar novedosos formatos, de éxito innegable y calidad incuestionable que hoy le harían una frondosa sombra a los adefesios de Tinelli y a los más pretenciosos formatos del periodismo televisivo del siglo XXI. Empezó cantando en el programa Tropicana Club y luego se hizo cargo de la dirección del primitivo Canal 7. Programas como Cita con las estrellas, Derecho a réplica, Odol pregunta, Volver a vivir, y los más pasatistas como Yo me quiero casar… que conducía Roberto Galán y Titanes en el ring tuvieron su sello en las décadas del 50 y 60.
Tapa de la revista Sintonía
También en la radio fue una voz inconfundible junto a otros innovadores como Hugo Guerrero Marthineitz y Enrique Alejandro Mancini. Acuñó las frases “La gente quiere ver a la gente”, “Vamos, ánimo” y “Con amor y con respeto”. Ciclos como Diálogo con Blackie, por Belgrano y luego Continental, La  tarde con Blackie por Continental y Splendid estuvieron entre los más escuchados de la radio.
Se recuerdan los grandes reportajes a las figuras de la política y el espectáculo como Golda Meir, Salvado Dalí y Federico Fellini, entre muchos otros y las presencias en sus programas de artistas como Nat King Cole, Lionel Hampton, Harry James, Ives Montand y Louis Armstrong.
En 1976 retornó a la televisión como conductora del ciclo La mujer, que se emitía por Canal 9.
Nací en Entre Ríos, en un pueblito soleado y tranquilo: Basavilbaso. Uno de los tantos lugares poblados por los gauchos judíos.”, decía con orgullo.
Murió muy joven para lo mucho que aún tenía que dar al arte de comunicar. A los 65 años, el 3 de septiembre de 1977.

Fuentes:
VV. AA, Tierra de promesas, Ediciones Nuestra Memoria, 1995
Ulanovsky, Carlos y otros, Días de radio, Emecé, Bs. As., 2004
“Blackie: una vida en blanco y negro", documental dirigido por Alberto Ponce, 2012
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-7713-2012-12-21.html
http://primerapagina93.blogspot.com.ar/2012/12/paloma-efron-blakie.html
http://www.telam.com.ar/nota/46116/

3/12/15

El sillón de Urquiza

Por Rubén Bourlot

Un lugar común, en particular utilizado por el lenguaje de los medios llamados “nacionales” - es decir de Buenos Aires -, es denominar el “sillón de Rivadavia” al asiento del presidente de la Nación. Y a la institución presidencial misma. Una crónica que escribió Prudencio Bustos Argañarás en la Voz del Interior manifiesta que “cuando el presidente de la Nación concurre a la Catedral de Buenos Aires con motivo de algún acto de carácter oficial, ocupa un asiento conocido como ‘el sillón de Rivadavia’.”
Sello postal con la imagen de Rivadavia
El origen de esta expresión es más bien oscuro, tanto como el personaje a que alude. Ese tal Rivadavia del sillón no es otro que el vanagloriado Bernardino Rivadavia, elevado al procerato por sobre muchos otros buenos patriotas gracias a los historiadores que construyeron el relato histórico liberal desde una visión centralista porteña.
Rivadavia fue titulado Presidente de la Nación en 1826, entre gallos y medianoche, ante el seguro fracaso en el intento de imponer una constitución unitaria. Más bien se asemeja a una presidencia de facto. Como dice Argañarás, la legislatura de Córdoba lo llamó irónicamente “El presidente de la ciudad de Buenos Aires”. La “presidencia” rivadaviana se prolongó por poco más de un año, entre febrero de 1826 y junio de 1827, cuando se vio obligado a renunciar como consecuencia de las escandalosas negociaciones de paz con el Brasil, llevadas a cabo por su ministro Manuel José García. 
¿Cuál sería el argumento de quienes sostienen esta zoncera? (Jauretche lo sabría explicar mucho mejor). Que Rivadavia inauguró el ciclo de las presidencias de la Argentina, que fue el “primer presidente” y que su escultura se encuentra emplazada Galería de los Bustos de la Casa Rosada. Argumentos muy endebles. Es muy otra la verdad histórica.

El primer presidente
En 1826 faltaban décadas para que el país lograra su organización constitucional y por lo tanto consagrara la institución presidencial. El país en ese momento era un caótico conjunto de provincias si una autoridad nacional reconocida. Guste o no, a partir de 1831, tras la firma del Pacto Federal de ese año, se reconoció como autoridad nacional al gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas. Pero hubo que esperar hasta 1853, cuando la constitución sancionada en Santa Fe estableció que “El Poder Ejecutivo de la Nación será desempeñado por un ciudadano con el título de Presidente de la Nación Argentina”.
Busto de Urquiza en Villa Elisa
Al año siguiente se llevó a cabo la primera elección presidencial que recayó en el entrerriano Justo José de Urquiza. Por lo tanto cuando se hace referencia a la institución presidencial debiera decirse “el sillón de Urquiza”, aunque éste estuviera circunstancialmente instalado en la capital provisoria de la Confederación que fue Paraná.
El mueble en sí carece de significación puesto que el aposento donde hoy se sienta el o la presidente no es el original al que alude la leyenda. Se dice que Rivadavia cuando renunció se llevó a su casa todo el mobiliario que utilizó durante su gestión, inclusive el famoso sillón donde sentaba sus reales. Y según parece, cuenta la tradición, lo hizo para cobrarse los servicios prestados a la patria.
Gustavo Gabriel Levene, en su Historia de los presidentes argentinos escribe que “no existe un sillón que habiendo pertenecido a Rivadavia continúe ostentando la categoría de mueble que en la Casa de Gobierno sigan usando los jefes de Estado de la Argentina.
“Existen sí algunos sillones que Rivadavia usó cuando era gobernante. Uno de ellos al asistir, siendo ministro de la Provincia, a la ceremonia inaugural de la Universidad de Buenos Aires y volvió a ocuparlo en ocasiones sucesivas en que repitió sus visitas a la naciente Institución. Después quedaría en la Universidad como sillón de los Rectores de la Universidad, hasta que envejecido, tomaría el camino del Museo Histórico.
Sillón utilizado por el presidente Derqui
“Otro sillón de elevado respaldo, coronado por un sol radiante dorado a fuego, con su asiento y brazos de apoyo forrados en celeste terciopelo, según la tradición habría sido obsequiado por Rivadavia al Cabildo Eclesiástico, al abandonar el gobierno. Y después de hacerlo usado Rivadavia en alguna ceremonia religiosa de fuste, sigue en la catedral de Buenos Aires y desde los tiempos de Mitre lo han ocupado durante las ceremonias religiosas todos los presidentes argentinos.”
Como una ironía, en el Museo del Bicentenario, inaugurado en 2011, se encuentra el Sillón presidencial utilizado por el presidente Santiago Derqui entre 1860 a 1861. Y es el más antiguo sillón de mando utilizado por un primer mandatario, precisamente instalado en Paraná, capital provisoria de la Confederación. Tallado en el respaldo el mueble ostenta el Escudo de la Confederación Argentina.
A la zoncera del “primer presidente” se debe agregar esa otra con que se machaca a los alumnos de la secundaria, aún hoy. La de las “presidencias históricas”, en referencia a las encabezadas por Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda, esquivando ex profeso a la de Urquiza, que para los historiadores y sus repetidores - los profesores - no sería “histórica”. Tampoco las que vinieron después.

Bibliografía:
Prudencio Bustos Argañarás, El “sillón de Rivadavia”,  suplemento Temas, La Voz del Interior, el 20 de agosto de 2006.
Levene, Gustavo Gabriel, Historia de los presidente argentinos, Bs. As., Sánchez Terruelo Editor, 1992.
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