27/3/16

Charlas de boliche

Por Rubén Bourlot

Una mañana luminosa el hombre estaciona su Ford A frente al almacén. Un caballo atado a un sulky dormita aburrido, sujetado a uno de los postes dispuestos al efecto. Los perros husmean en los alrededores y cada tanto arremeten, con una corta carrera, detrás de una de las tantas palomas que pugnan por su alimento diario entre las gramillas.
El hombre del Ford A ingresa al comercio y saluda a Marcial, uno de los hermanos Fusey, que atiende detrás del mostrador, y a los dos único parroquianos que con aspecto de amanecidos discuten acerca de… un bulón! El hombre se ofrece por si necesitan alguna cosa de Colón, adonde se dirige. Luego parte a la ciudad y retorna cerca del mediodía, donde encuentra los dos parroquianos, con varias cañas demás, que siguen discutiendo acerca… del bulón!
Los boliches, bolichos, bares y almacenes con despacho de bebidas suelen ser los lugares de encuentro, donde se tejen negocios, se intercambian los sucesos de la zona, y en el cual la vida transcurre entre charlas insubstanciales y anécdotas de lo más diversas. Y ahí siempre están las infaltables mesas para el truco o el chinchón, o el nueve (mientras no caigan los milicos).
Almacén Piñón a principios del siglo XX
Luis Luján, de Gualeguachú, pero nacido en Ceibas cuenta que en la plaza de la localidad hace unos años se instaló la primera radio de frecuencia modulada sobre una casa rodante. La emisora pasaba música con dedicatorias a pedido de los vecinos. A los parroquianos del Boliche de Luján o Ceibas City (así con ese nombre autóctono), de aburridos nomás, se les ocurrió inventar dedicatorias y acercárselas a la radio. Éstas eran a propósito cruzadas, de un marido a la esposa de otro y así sucesivamente, dando lugar a conflictos familiares que responsabilizaron al dueño de la radio. Alterados los ánimos un buen día los damnificados decidieron pasar a los hechos y terminaron incendiando la emisora. 
En Villa Elisa, una mañana de lunes, en un bar atendido por una mujer y con una clienta también mujer, se originó un interesante diálogo. Era la década de 1970, luego de una carrera de la entonces muy popular Fórmula Entrerriana, que se había disputado en el autódromo Salvia, cerca de San José. La parroquiana le pregunta a la bolichera: “¿escuchaste la carrera de ayer?”, a lo que la otra responde “sí, pero un ratito nomás, porque no relataba la Mona”. La interlocutora asiente y agrega: “y sí, no es lo mismo, si no relata la Mona. Es como la aspirina, si no es la Cafiaspirina parece que no te hace efecto”. La Mona es el apodo de Eduardo Pedro González, entonces popular relator de automovilismo de LT 26 la radio AM de Colón.
 Los sobrenombres
Almacén Iglesias incorporado a la toponimia
Según cuenta la tradición, José Hernández cuando vivió en Paraná solía frecuentar los bolichos que rodeaban el Mercado de La Paz. Ahí se granjeó el apodo de Matraca por el vozarrón que tenía. Cientos de apodos, esa costumbre bien entrerriana, nacieron en la abulia bolichera. En un bar de Villa Elisa un día escucharon que estaba pasando un avión, algo no tan habitual, y los clientes salieron a la puerta para observar el aparato, Uno de ellos con algún conocimiento de mecánica aguzó el oído y diagnosticó: “viene con el pistón pinchao…”, y le quedó para siempre el sobrenombre Pistón Pinchao. Luis Luján, en una lista de parroquianos del ya mencionado Ceibas City, nombra a “los itinerantes como Pastelón Traba, y otros que de tanto estar se mimetizaban en el ambiente y uno nunca sabía si estaban o se habían ido. Pulga Frita se plantaba en la puerta del boliche con su metro y medio de estatura y decía: ‘no he venido a armar contienda/ más si alguno me provoca/ le voy a tapar la boca/ con algo que no es pañuelo/ y va a rodar por el suelo/ igual que víbora loca…”
En un boliche de 1º  de Mayo seguramente se apodó a un vecino como Caja de Cambio, porque cuando abría la boca mostraba una generosa dentadura, similar a cuando se destapa una caja de cambio que muestra los dientes de los engranajes. El ingenio para hacer analogías no tiene límites.
A otro frecuentador de boliches y bares que solía demorarse en volver a su casa, tanto que siempre llegaba después del mediodía, mereció el sobrenombre de Garibotti, en alusión al locutor y periodista Luis Garibotti que por esos tiempos era corresponsal en Buenos Aires de una radio local que emitía un programa después del mediodía.
Pulpería Impini fundada en 1889
En los nombres de estos negocios predominan los apellidos de los propietarios, como los ya mencionados y otros con cierta fama que excede los límites comarcales como la pulpería Impini, en la zona de Larroque, el almacén Don Leandro de Hocker, el bar del Chino Locker en el ejido Colón, y Almacén Iglesias en el departamento Paraná que ya forma parte de la toponimia de la zona, o el antiguo almacén Piñón de Las Achiras, también conocido como El Carrizal. Otros nombres de fantasía se repiten en la geografía del estaño, como El Resorte, inspirado en el tradicional personaje de Luis Landriscina (Don Verídico), El Tropezón, en alusión a de los accidentes de los parroquianos excedidos de libaciones, Isidoro, inspirado en el reconocido personaje de historietas, o La Pantera Rosa, en San Cipriano, cuya alusión es más que obvia, entre otros.
Las humoradas cargadas corren como reguero, pero cuando se involucran los dueños a veces no caen bien en la clientela. Dicen que eso habría sucedido con el bar del Palma, por el apodo de su dueño, en 1º  de Mayo. El Palma tenía un grabador de esos de cinta abierta que por las noches, cuando se llenaba de clientes, lo ponía a funcionar, y al otro día, junto a un grupo más selecto, escuchaban las conversaciones. Por cierto que el rumor corrió entre los parroquianos que ante la eventualidad de ser grabados poco a poco se fueron retirando del lugar hasta dejarlo sin clientela.

Y ya “es hora de tomarse un kirse”, escuchado en el boliche de Boujón de Las Achiras, con el doble sentido de tomarse alguna bebida y retirarse.

Fuentes y bibliografía:
- Testimonios de Luis Luján
- weblogs.clarin.com/puebloapueblo/2010/03/10/el_boliche_de_lujn_o_ceibas_city/ 

5 comentarios:

Luis Luján dijo...

Muy bueno... amigo Bourlot... muchísimas gracias por incluirme y por rememorar aquél Ceibas que ya se fue.
Abrazos
Luján

Rubén Bourlot dijo...

Gracias por el aporte de tu valioso testimonio.

Patricia Delaloye dijo...

Excelentes anécdotas Rubén...comparto en Colón Entre Ríos de Antaño.Un abrazo.

horacio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
horacio orcellet dijo...

Tiempos que no volveran ; pero que cobran vida en cada recuerdo . muy bueno felicitaciones !!!

Para publicar en este blog enviar los artículos a bourlotruben@gmail.com. Son requisitos que traten sobre la temática de este espacio, con una extensión no mayor a 2500 caracteres y agregar los datos del autor. Se puede adjuntar una imagen en formato jpg.
---------------------------------------------------------------