25/6/16

Don Cristóbal y la Casa Bordoy

Por Rubén Bourlot

En San Salvador se levanta una centenaria residencia que se destaca del resto de las construcciones por el remate de almenas. El edificio conocido como Casa Bordoy fue declarado patrimonio cultural de la Capital Nacional de Arroz. Alguna vez su imponente presencia provocó sospechas inquietantes de los interventores que irrumpieron en 1930, tras la caída de Irigoyen. Con la sutileza que caracterizó al régimen de facto de José Félix Uriburu, la familia fue allanada porque esas almenas resultaban muy sospechosas. 
El edificio es producto de los sacrificios de un inmigrante español que arribó a estas tierras al filo del siglo XX.
Unas décadas antes, del otro lado del mundo, Cristóbal Bordoy, junto a su esposa, asiste nuevamente al médico para buscar una cura a los achaques de su primogénito Andrés.
- Doctor, sigue con problemas. El tratamiento que usted le recomendó parece no dar resultados.
- Doncs, Don Cristóbal, jo li suggereixo que per a la cures dels seus mals ha de canviar d'aires (Pues, Don Cristóbal, yo le sugiero que para la curas de sus males debe cambiar de aires) – replica el médico que se resiste a usar el castellano.
- ¿Cambiar de aires? ¿Y eso qué significa doctor?
- Això vol dir que s'ha d'anar de Palma, traslladar-se a un altre lloc (Eso significa que debe irse de Palma, trasladarse a otro lugar).
- ¿A otro lugar?, ¿a qué otro lugar?
- Jo li dic que s'ha d'anar per Amèrica  (Yo le digo que se debe ir para América).
Cristóbal Bordoy, su esposa Catalina Roselló
y sus hijos Andrés y Cristóbal, nietos (circa 1918)
Como un baldazo de agua fría le cae la sugerencia a Cristóbal, y a su esposa - Catalina Roselló Llabrés - también. Dejar todo para irse a hacer la América como tantos españoles lo habían hecho. Pero aquellos lo hacían desesperados por la pobreza. Don Cristóbal tenía todo esa paradisíaca isla de las Baleares. Tenía su fábrica de aceites y lo otra de cigarros que le permitían vivir sin sobresaltos.  
Lo consultó con Catalina y al final tomó la decisión. Vendió las dos fábricas, su casa, y con un puñado de libras esterlinas  compró el pasaje que los llevaría a los nuevos aires de América.
El barco zarpó del antiguo puerto de Palma de Mallorca y, tras navegar por el Mediterráneo, se internó en el ancho Atlántico. Al compás de las olas se incrementaban las expectativas. De pronto anunciaron el arribo a un puerto cuyo nombre aludía a lo que les había recomendado el médico mallorquí: Buenos Aires.
En el lugar hallaron la bienvenida en un hotel para inmigrantes, para asombre de los recién llegados. Con sus equipajes apilados en un rincón, y lo que restaban de las pesetas comenzaron a averiguar por algún lugar donde instalarse. Les ofrecieron un predio en la provincia de Buenos Aires, por la zona de Azul, y hasta allí fueron. Cristóbal, con su experiencia de emprendedor, instaló una fábrica de jabón y de licores. 

Rumbo a Entre Ríos
Pero no se quedaron mucho tiempo en el lugar. Se enteraron por la publicidad de una empresa colonizadora que en Hernandarias, a la vera del gran río Paraná, había disponibles tierras aptas para plantar viñas.
- ¿Y si nos vamos y ponemos un viñedo?, consultó Cristóbal a Catalina.
Hasta allá se fueron. Nuevamente dejaron todo, hicieron las valijas en la colonia del norte entrerriano plantaron viñas, las cuidaron como sabían hacerlo también el Mallorca, construyeron un sótano, y pronto las plantas se apretujaron de racimos. Molieron la uva y obtuvieron un muy buen vino. Consiguieron los primeros clientes en La Paz y al poco tiempo también el vino de Bordoy se degustaba en Paraná. 
Almacén de Ramos Generales de Perper,
que funcionaba en la casa de Bordoy
“Cuando todo marchaba maravillosamente bien – Escribe Victorio Bianchi en su “Esquema de la historia de Hernandarias” – y ya se vislumbraban las esperanzas de un futuro promisor, con las vides y los trigales en su madurez, vino un tarde la más sombría de la historia de la villa: una temible manga de langostas que cubría el firmamento, y devastó, devoró hasta la corteza de la plantas”.
No quedaron viñas, ni árboles, ni los tutores de las viñas se salvaron. Pero quedaron los compromisos de entrega de la producción a lo ávidos clientes de La Paz y Paraná que habían adelantado el dinero. Y para Bordoy los compromisos son sagrados. Quiso la providencia que un miembro de la familia del coronel Miguel Malarín le ofreciera radicarse en un predio de la nueva colonia que estaba formando en el entonces departamento Colón. De nuevo un nombre evocador: San Salvador. 
Vendieron todo lo que le quedaba, saldaron las deudas, subieron sus equipajes en un robusto carro playero y viajaron durante días entre montes de algarrobos, espinillos y palmas caranday hasta arribar el nuevo hogar. 
En el carro cargaron el último tonel de vino que lograron conservar de la cosecha anterior y fue el obsequio de agradecimiento para el coronel Malarín. 
 En el lugar Cristóbal hizo prosperar el trigo, el maíz, y todo lo que pudiese cultivar. Poco a poco fue dejando la actividad en manos de sus hijos, Andrés y el hermano nacido en el país: Cristóbal.

La Casa Bordoy
En tanto Bordoy fue edificando su casa en la estación San Salvador donde se trasladó para pasar sus últimos años de su agitada vida. Allí participó de la vida social del pujante núcleo urbano integrando  varias instituciones comunitarias.
Casa de Cristóbal Bordoy hacia 1918
Entre 1916 y 1917, construyó la conocida residencia de calle 25 de mayo, en un predio adquirido en 1913. Se trata en realidad de un conjunto de tres casas, un local comercial y un depósito. En el lugar Bordoy vivía con su familia, el depósito lo utilizaba para su negocio de acopio de cereales y el resto lo arrendaba a terceros. En el local de la esquina funcionaba un almacén de ramos generales. Las otras casas se alquilaban a distintas familias.
El arquitecto Ricardo Marcó Muñoa describe la construcción como una casa de estilo colonial con patios interiores y una fachada en donde se destacan las “almenas de contorno curvo que coronan el parapeto, de que sobresalen, a modo de pequeñas torretas, los remates de la pilastras de la fachada. Las pilastras también tienen apariencia sólida, robusta, hasta parecer sobredimensionadas, dado que sólo cumplen una función ornamental.”

Bibliografia:
- Magdalena Pandiani de Chemín, El departamento San Salvador en las noticias y algo más…, Imp. Ciscato, Santa fe, 2007.
- Testimonios de Magdalena Pandiani, Paraná.


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